FOGWILL

Por Pablo Gianera y Martín García

La chica de tul de la mesa de enfrente, Muchacha Punk, Los pasajeros del tren de la noche y Cantos de marineros en las pampas están entre los mejores cuentos de la literatura argentina

RODOLFO FOGWILL

Narrador excepcional y amante de la música, ejercía la provocación como una forma de pensar


Por Pablo Gianera

LA NACION

22 de agosto de 2010

 

La muerte de Rodolfo Enrique Fogwill, o Fogwill a secas, como él se llamaba a sí mismo, no dejaba solamente un desamparo literario y afectivo.

Más allá del cuerpo está lo ya escrito, esa extensa obra radioactiva en todos los géneros, que seguirá discutiéndose de acá a muchos años; acaso nada le habría gustado más que eso.

 Pero con él desaparece también una verdadera fuerza de la cultura  argentina que se manifestaba, al margen de los libros, en artículos, conferencias,  entrevistas.

 La provocación era para él una variedad del pensamiento, una esgrima intelectual que forzaba la inteligencia a superarse, a pensar en ocasiones lo que no podía ni debía ser pensado.

 Hacía poco más de un mes había cumplido 69 años.

 Moria ayer, de una afección pulmonar que padecía desde hacía tiempo y por la que había estado en terapia intensiva la última semana.

Se dedicó inicialmente a la sociología y habría que decir que de algún modo la influencia de esos estudios nunca se extinguió e influyó luego en sus libros de ficción, moldeados por una idiosincrásica forma del realismo.

 En los libros de Fogwill, lo real no está en las alusiones a la economía, al consumo, a la guerra al sexo, o a la irreverencia sin atenuantes en cada uno de esos campos.

 A Fogwill se lo reconoce sobre todo en una estrategia narrativa, en una sintaxis.

 -Escribir me parece más fácil que evitar la sensación de sinsentido de no hacerlo, anotó en un texto recogido en Los libros de la guerra (2008), volumen de artículos periodísticos. 

La chica de tul de la mesa de enfrente, Muchacha Punk, Los pasajeros del tren de la noche, Help a él y Cantos de marineros en las pampas están entre los mejores cuentos de la literatura argentina y son el ejemplo definitivo de un narrador excepcional, en el sentido más literal de esta palabra.

 De sus libros de poemas y de sus novelas, él mismo se ocupó de decidir: Partes del todo (1991) y Lo Dado (2001), para los primeros, y Los pichiciegos (1983), Vivir afuera (1998) y En otro orden de cosas (1998), para las segundas.

 Había trabajado en marketing y en publicidad, y se jactaba de administrar exitosamente su nombre como una marca. 

Pero esa figura pública que aparecía en las revistas y en los suplementos culturales disimulaba otra dimensión, oculta a veces por las diatribas, habitualmente certeras, y los desplantes políticos.

 Nada parecía irritarlo tanto como el populismo*, la estupidez y la prosa mal escrita.

 El temor que podían tenerle algunos de sus enemigos intelectuales era simétrico a la generosidad que él mostraba hacia sus amigos y los artistas (no solamente escritores) que respetaba y admiraba.

 Entender la vida

 Tenía la nostalgia de los barcos y del mar (había navegado mucho y se quejaba de que el sol de cubierta le había arruinado la piel).

 Solía hablar mucho de sus hijos de casi todas las edades.

 Sus conocimientos eran variadísimos, desde los autos hasta la filosofía, pero todos esos conocimientos -que combinaba hábilmente en las ficciones, en la conversación y en sus frecuentes charlas en foros públicos- fueron adquiridos con un único fin desmedido que nunca ocultó: entender el mundo y entender la vida.

 Se desprendía inmediatamente de los libros que leía; los regalaba.

 Tenía una memoria prodigiosa para recordar versos y un oído infalible para la métrica. 

Más que nada, le gustaba la música: las canciones alemanas de Robert Schumann, Franz Schubert y Hugo Wolf; los cuartetos de cuerdas y las misas, pero también el chamamé.

 Llevaba siempre un iPod con esa música cargada.

 -Todos mis textos fueron escritos bajo el influjo de algunas músicas o de algunos textos que, solamente cantados, revelan el sentido que la lengua tuvo previsto en su articulación, contó en una entrevista.

 Era además amigo de varios compositores argentinos y de algunos músicos de rock, un género que no toleraba.

 Le gustaba mucho cantar.

 -La literatura no cuenta historias sino maneras de contar historias,dijo una vez.

 Esa manera de contar es inseparable de una voz.

 Y quizá nada le importaba más a Fogwill que la voz.

 La dificultad de escribir sobre él residió siempre en que es muy improbable que aquello que se escriba le haga justicia a esa voz; una voz que, desde ahora, se articulará solamente en sus libros, huella permanente de un pensamiento y de una música.

PERFIL

 Origen: nació en Quilmes, el 15 de julio de 1941.

 Galardones: en 2003 ganó la beca Guggenheim y, al año siguiente, el Premio Nacional de Literatura por su libro Vivir afuera.

 Obras: Partes del todo (1991) y Lo Dado (2001) recopilan sus poemas. Los pichiciegos (1983), Vivir afuera (1983) y En otro orden de cosas (1998) son algunas de sus novelas.

 En otras lenguas: su literatura fue traducida al alemán, hebreo, francés, inglés y portugués.

 Maestro: fue docente y profesor titular de la Universidad de Buenos Aires. Ensayista y columnista especializado en temas de comunicación, literatura y política cultural.

 *NOTA DE LA NAC&POP: Como La Nación cree que todo lo que no es peronista es anti peronista aprovecha la muerte de Fogwill para pegarle al peronismo. Aquí dice “populismo” . “Nada parecía irritarlo tanto como el populismo”… se mandan. Pero debo decir que, en la Campaña presidencial del 1989, mientras Angeloz, el Alvear del radicalismo post Alfonsín realizaba la gira mágica del rocanroll con Charly García y Spinetta por todo el país diciendo que si ganaba el peronismo prohibiría el rock en la Argentina (Parece mentira la cantidad de boludeces que se han dicho en nuestro país); los peronistas –que creíamos que Menem -por aquellos días- era la segunda parte buena, federal e insurgente de Perón, organizamos un festival de rocanroll en La Boca que se llamó “Rock en la Boca-El rocanroll viene de los barrios” .Allí estuvieron muchas figuras del rock nacional invitados por el legendario Horacio “Gordo” Martínez, fallecido hace pocos días, y el poeta y humorista Pancho Muñoz. Estuvieron la “Negra” Pol y Sky de Los Redondos de Ricota (aunque no tocaron quisieron dar el presente) y además de los grupos que dieron su arte (debutaron los “Auténticos Decadentes” traidos desde Ramos Mejía por Camilo García, tocaron Memphis, La Tribu, y nosecuantos más, estuvo presente Roberto Fogwill dándonos su palabra y su desafío al poder que representaban “los blanquitos del rock comercial” con la derecha radical. El estaba donde había que estar, con los compañeros del peronismo. El único que estaba desubicado ahí era Menem, que por supuesto tampoco estuvo esa noche. Así que lo de “antipopulista” de Fogwill, nada. MARTIN GARCIA / NAC&POP garciacmartin@gmail.com

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