BATALLAS DE SAN MARTÍN DESPUÉS DE SU MUERTE II.

Norberto Galasso

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El viejo país se hunde para dar paso a la semicolonia agroexportadora.Una a una, las provincias del interior son sojuzgadas. Es la hora de construir el panteón oficial.

BATALLAS DE SAN MARTÍN DESPUÉS DE SU MUERTE II.

 

Por Norberto Galasso

 

San Martín en el panteón oficial

 

El proyecto político, económico y cultural de la clase dominante se

consolida en esa década del sesenta.

 

Una a una, las provincias del interior son sojuzgadas.

 

El viejo país se hunde para dar paso a la semicolonia agroexportadora.

 

La Guerra del Paraguay -destruyendo el modelo más progresista de América Latina- completa la dominación política, mientras los caminos

de acero, los Bancos y las casas de comercio extranjeros van moldeando

la nueva estructura que luego se completará con inmigración y frigoríficas.

 

Es la hora de la construcción definitiva del panteón oficial.

 

Los restos del General permanecen en Brunoy, pero no bien finaliza su

período presidencial, Mitre -como la expresión más lúcida de los dueños del poder-se decide por San Martín para elevado al rango de Padre de la Patria.

 

El 14 de enero de 1869 le escribe a Mariano Balcarce, informándole:

-Voy a escribir dos libros distintos, pero que tendrán, entre sí, correlación.

 

Uno de ellos será la vida pública del General San Martín desde 1812 a 1822, incluyendo, por vía de noticias, sus primeros años y su carrera en España, y éste se titulará -Historia de San Martín-, que hará juego con la de Belgrano, completando nuestra historia.

 

El otro se intitulará –El ostracismo y la apoteosis– del General San Martín, que pienso publicar antes de la historia y creo que tal vez antes de dos meses pueda estar concluido.

 

Agrega, en la misma carta: …Me interesan no sólo /os documentos

públicos y la correspondencia privada de San Martín hasta 1822, sino

los subsiguientes durante su ostracismo, pues mi plan es tomar al

personaje desde su abdicación en Lima hasta su muerte, terminando con

la apoteosis que le ha hecho la América entera al levantarle estatuas

después de tantos años de ingratitud y olvido…32

 

Balcarce le envía entonces documentación, solicitándole que después de

tomar notas la pase al Archivo o Biblioteca Nacional. Mitre acumula,

ordena, clasifica y avanza en su labor.

 

Cinco años después (1874) -hallándose preso por haberse insurreccionado contra el gobierno de Sarmiento para impedir la asunción de Nicolás Avellaneda- redacta las primeras páginas de su obra 33.

 

Luego, en el diario La Nación, anticipa periódicamente fragmentos de la misma.

 

De este modo, concreta su primer proyecto: tras una breve referencia

al período 1778- 1812, reconstruye el período 1812- 1822, que culmina

con el apartamiento después de Guayaquil.

 

Así se verifica la apoteosis de San Martín y su ingreso a la Historia Oficial, como Padre de la Patria.

 

Pero, ¿de qué manera la victoriosa burguesía comercial porteña incorpora a San Martín como uno de los grandes a ese altar edificado para fundamentar y legitimar, desde el pasado, su política presente y su proyecto futuro?

 

En primer término, inventando una -revolución argentina -o más bien, porteña- que se -americaniza generosamente, -dando libertad a países hermanos.

 

Esta revolución argentina tiene por propósito -crear países independientes, mientras que la revolución colombiana se propone -unificar artificialmente a las colonias emancipadas, según un plan absorbente y monocrático, proveniente del -sueño delirante de la ambición de Bolívar.

 

Este planteo aparece en las primeras páginas de la obra: oposición a

la unidad latinoamericana, disenso con la campaña de Bolívar por

-delirante, dilatada y ambiciosa, marginación de la Argentina respecto

al resto de América Latina (en todo caso, hermana mayor que se digna

otorgarles libertad a Chile y Perú).

 

En las páginas siguientes, el cuadro se completa idealizándose como

progresista a la colonización inglesa en el norte de América, al tiempo que se descalifica a la española, por reaccionaria, de México al Sur.

 

32.- Carta de B. Mitre a M. Balcarce. del 14/1/1869. citada por } PO. t. 8. p. 258.

33.- JPO t. 8, p. 270.

 

Asimismo, se establece que la lucha en el Río de la Plata estuvo

motivada por -el odio a España y que Canning fue el protector y

artífice que -llamó a la vida a este nuevo mundo.

 

Pero, cómo se resuelve este -odio a España de los revolucionarios

americanos, en el caso particular de San Martín, cuya personalidad se

modeló en esa península desde los seis hasta los treinta y cuatro

años, impregnándose de cultura, tradiciones y vivencias españolas?

 

Esos veintiocho años se resumen superficialmente en seis páginas, en

una obra que en las ediciones comunes alcanza a casi seiscientas.

 

De esta manera, el teniente coronel San Martín brota de la nada,

insólitamente en el Río de la Plata, en 1812, como un argentino nacido

en Yapeyú.

 

Inmediatamente, el ensayo enfrenta otro problema: ¿por qué razón este

oficial abandona el ejército español para trasladarse a América, a pelear precisamente contra el ejército español, bajo cuya bandera combatió en treinta batallas?

 

La respuesta resulta muy débil: decidió regresar a la lejana patria, a

la que siempre amó como a la verdadera madre 34.

 

Es decir, se trata de un argentino y su decisión obedecería a que su

patria alienta un fuerte sentimiento antihispánico. (Por supuesto, esta argumentación supone que en 1812 existe una identidad argentina y

que pesan sobre San Martín sus primeros seis años de vida en América

más que los veintiocho siguientes en España.)

 

Con posterioridad, otros historiadores incorporan algunas variantes,

igualmente pueriles, como, por ejemplo, -el llamado de la selva

misionera, -los recuerdos infantiles, -las fuerzas telúricas.

 

De este modo, la Historia Oficial instala a San Martín como Padre de

la Patria, jefe de -la revolución argentina americanizada, que otorga

la libertad a Chile y Perú, hasta que choca con el -ambicioso Bolívar

y se aparta de la vida pública en 1822.

 

Casi seguramente -de acuerdo con el proyecto anunciado- Mitre acomete

la tarea de El ostracismo y la apoteosis del General San Martín, pero

desiste: el enfrentamiento con Rivadavia hasta casi llegar al duelo, la disidencia con Lavalle en 1829, la relación epistolar con Rosas y las denuncias de las agresiones extranjeras en 1838 y

 

1845, incluyendo su acusación a los unitarios por la –felonía cometida, impedirían consagrarlo héroe del panteón oficial.

 

Por esta razón, la Historia de San Martín y la emancipación americana

queda reducida al plan inicial y no va más allá de 1822.

 

Pero ocurre que ese fragmento de la vida del General (1812-1822) no resulta comprensible si se otorga escasísima importancia a sus primeros treinta y cuatro años (1777-1811) y si, además, se omiten los últimos veintiocho (1822-1850).

 

34.- Mitre, B., Historia de San Martín y la emancipación americana, ob. cit., p. 39.

 

Así, con su vida mutilada, eliminado casi su origen provinciano, despojado de su acento gallego, estrechadas sus miras a una óptica argentina, desentendido de la Patria Grande y rencoroso hacia Bolívar, el general San Martín ingresa a la historia santificada de los colegios en sus diversos niveles, de las academias, cuarteles e institutos, de las conferencias sabatinas y los suplementos culturales dominicales, a las calles y plazas, a los cuadros y estatuas, a las revistas infantiles y los cuadernos escolares, broncíneo y ajeno, incomprensible y distante.

 

El 29 de mayo de 1880 -por decisión del presidente Nicolás Avellaneda-los restos del General retornan a la patria, pasando a ser depositados en la Catedral de Buenos Aires, según algunos en una ampliación lateral del cuadrilátero de la misma, pues la presunción de haber sido miembro de la masonería -aunque falsa impediría su permanencia en lugar sagrado.

 

Pero el mausoleo construido al efecto no ofrece el espacio necesario y el sarcófago debe ser colocado de manera inclinada, suceso que parece simbolizar de qué modo el General ingresa forzada mente a la Historia Oficial.

 

Por otra parte, aun cuando se corrija la tergiversación, el San Martín

auténtico sólo puede ingresar a la historia de su patria chica con la condición de que ésta se integre a la historia latinoamericana.

 

Argentino de nacimiento, Libertador de Chile y Protector del Perú, que

se aparta cuando se frustra su intento de consolidar una gran fuerza

latinoamericana, resulta, para la historia argentina, un entrometido

en los países hermanos, sin preponderante actuación en el reducido

marco del país.

 

Esto se comprende claramente hoy porque idéntica situación se presenta

con el Che Guevara: también argentino de nacimiento, acompaña el proceso revolucionario de Guatemala, se constituye en figura de primera línea en la Revolución Cubana y es asesinado en Bolivia, cuando intentaba gestar una fuerza liberadora latinoamericana.

 

Sólo la Historia de la Patria Grande latinoamericana puede albergados.

 

Apoteosis y tergiversación

 

En 1887, Mitre publica la versión definitiva de su Historia de San Martín y de la emancipación americana.

 

Con ella, la clase dominante crea un San Martín a su imagen y semejanza, cuyas luchas e ideas, exaltadas por los diversos medios de comunicación, contribuyen a consolidar el orden que preserva sus intereses.

 

Sin embargo, esta canonización de San Martín, insoslayable pero no signada por el afecto y la admiración, permite detectar viejos resentimientos y desinteligencias.

 

Con razón, señala Carlos Steffens Soler que en la Historia de San Martín la lluvia torrencial de adulonerías dedicadas sin convicción al Libertador no consigue disimular el rencor agrio y solapado con que fue escrita 35.

 

Este autor critica especialmente la duda sembrada por dicha historia

acerca de la honestidad del General en el manejo de fondos 36.

 

Incluso José Pacífico Otero, no obstante su alineamiento con la Historia Oficial, manifiesta divergencias con respecto al monarquismo que se adjudica a San Martín y rechaza que el General tuviese síntomas de decadencia moral o declinación de su inteligencia, en su época del Perú, como surge de dicha obra 37.

 

Esta vieja inquina brota, asimismo, cuando el director del Museo Histórico Nacional, Dr. Adolfo P. Carranza, convence a Manuela Rosas de Terrero para que done el sable que San Martín había legado a su padre.

 

35.- Steffens Soler, Carlos, San Martín en conflicto con los liberales, ob. cit., p. 232. 36 Loc. cit. J7 JPO, t. 8, pp. 267-268.

 

Efectivamente, el 28 de febrero de 1897 arriba al puerto el vapor Danube, procedente de Southampton, trayendo el sable de San Martín, que días después es entregado por el presidente de la Nación, Dr. Uriburu, al Museo Histórico.

 

Pero el retorno del sable se produce en un clima de absoluta frialdad por parte del gobierno, del resto de los organismos e instituciones.

 

Se excusaron de concurrir todos los generales y oficiales de alta graduación, señala El Día del día 31/02/97 -38.

 

En La Tribuna del 5 de marzo de 1897, puede leerse un comentario

acerca de la penosa impresión que ha causado el recibimiento triste y

frío que se le ha hecho a la espada de San Martín.

 

Los buques de la escuadra no han formado calle para que pasase entre

ellos la nave portadora de la preciosa reliquia, los cañones de los

mismos han permanecido mudos, no han sonado los clarines, las

tripulaciones no han coronado los barcos, el ejército de tierra ha

brillado por su ausencia, cuando allí debió formar, con sus mejores

galas, presentando sus armas y haciendo oír las músicas marciales.

 

Y todavía, por causas que no queremos buscar, retrajéronse de la ceremonia, según dijimos, casi todos los generales designados a

constituir la comisión de recepción del arma gloriosa, entre los cuales no se nombra a Mitre, el Historiador de San Martín, la personalidad más indicada para ocupar el puesto de honor de la misma comisión.

 

Si la espada conservase todavía la vida que le infundiera su dueño habría hecho probablemente lo que éste en 1829, volverse al destierro, prefiriéndolo al hecho de la ingratitud de su propia tierra 39.

 

Más allá de estas reservas -que ratifican el modo forzado con que el General se incorpora a la Historia Oficial-, el bronce perdura y se difunde.

 

Los historiadores divulgan esa estampa en los colegios, periódicos y

conferencias, enriqueciéndola con atributos morales -resumidos en las

Máximas para mi hija- o con posturas filosóficas, según la famosa

anécdota en ocasión de la visita de Sarmiento.

 

Excepcionalmente, su gesta se carga de matices humanos, como en los

relatos de Ada María Elflein, pero las más de las veces predomina su

perfil estatuario, de personalidad adusta, que es posible reverenciar

pero no imitar.

 

De Vicente E López a Alfredo Grosso, de Ricardo Rojas a José P. Otero,

de Astolfi a Ibáñez, San Martín alcanza su apoteosis, al precio de su

tergiversación.

 

Ya es el Padre de la Patria y, en tal carácter, se multiplican sus estatuas, dentro y fuera de la Argentina.

 

En julio de 1901 se le erige un monumento en el Perú, en la fortaleza

del Callao, y en 1921, otro en Lima.

 

En 1883, se levanta su estatua en Rosario, en 1901 en Santa Fe, en 1904 en Mendoza, en 1906 en Corrientes, y así sucesivamente en Córdoba, La Rioja, La Plata, Río Cuarto y otros lugares 40, así como en el Cerro de la Gloria, en Mendoza.

 

El 23 de octubre de 1909 se inaugura su monumento en Boulogne – sur –

Mer, con algunas significativas coincidencias.

 

38.- El Día, 5/3/1897, cita Nicolás Ortiz de Rozas, El sable de San Martín, Buenos Aires, Grial, p. 5!.

39.- La Tríbuna, 5/3/1897, citada p/N. Ortiz de Rozas, en El sable de San Martín, ob. cit., p. 54.

40.- PO ,t.s, pp. 166-169.

 

La primera reside en que uno de los oradores es Manuel Ortiz Pereyra, quien años más tarde se constituye en decidido luchador contra el imperialismo británico, participando en 1935 en la fundación de F.O.R.J.A. (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina), junto a Arturo Jauretche y Hornero Manzi 41.

 

La segunda consiste en que otro de los oradores es el alcalde de Boulogne-sur-Mer, cuyo nombre es C. Perón 42.

 

Asimismo, se suceden homenajes latinoamericanos: Montevideo (1919), La Habana (1921), Bogotá (1922), México (1927), Caracas (1930)43.

 

Después de 1930, cuando la crisis económica mundial tritura tantas ilusiones y tantos mitos, la aparición del revisionismo histórico constituye una oportunidad para replantear la imagen consagrada.

 

Pero como política e historia van de la mano, los -rosistas evitan profundizar en la figura de este General que a menudo utilizaba el

lenguaje de los revolucionarios franceses del 89 -lo cual los irrita-

y prefieren, en cambio, aprovechar su buena relación con Rosas y el

legado del sable, para sumado al panteón del nacionalismo clerical.

 

Así, a aquel San Martín que la clase dominante había -rivadavianizado,

estos historiadores revisionistas lo -rosifican.

 

De este modo, crean un general argentino, nacionalista, fervoroso católico, hombre de orden, monárquico, nostalgioso de la sociedad tradicional y enemigo del progreso.

 

Algunos completan el cuadro inventando la línea histórica Saavedra San

Martín-Rosas, simpática al ala derecha del ejército, pues identifica

nacionalismo con conservadorismo, justamente en un país donde lo

nacional sólo adquiere posibilidad si desarticula la dependencia,

siendo precisamente lo conservador el resguardo de la misma.

 

De tal modo, el destino de San Martín resulta doblemente trágico: viviendo fuera del país natal durante la mayor parte de su vida, historiadores de uno y otro signo le permiten ingresar a sus historias al precio de desfigurado, con lo cual el verdadero San Martín continúa desterrado.

 

La polémica insoslayable

 

Por supuesto, al correr de los años, aparecen francotiradores que luchan por poner de relieve al auténtico San Martín, contrastándolo con la imagen sacralizada. Entre otros, pueden citarse A. J. Pérez Amuchástegui, Joaquín Pérez, Augusto Barcia y Trelles, José Luis Busaniche y René S. Orsi.

 

También merece ser recordado Ricardo Levene, cuando se aparta insólitamente de la vieja huella y -bajo la atmósfera popular del peronismo – publica El genio político de San Martín, mostrando la vinculación del General con los caudillos federales.

 

Más importante aún es el ensayo de Eduardo Astesano,

 

La movilización económica en los ejércitos sanmartinianos, que revela el éxito del plan económico aplicado en Cuyo y permite que el lector perspicaz asocie esa política con su antecedente, el Plan de Operaciones de Moreno, y su continuación, el ensayo de desarrollo paraguayo realizado por Carlos A. López y Francisco Solano López.

 

Cabe resaltar que este libro, al igual que el de Levene, como así también San Martín.

 

Sus relaciones con Benardino Rivadavia, de Luis R. Altamira (que

desnuda la enemistad entre ambos), son del año 1950, establecido por

el gobierno de Perón como Año del Libertador General San Martín.

 

42.- JPO, t. 8, pp. 171-172. 42 JPO, loco cit.

43.- JPO, t. 8, pp. 173-180.

 

Estas reivindicaciones del San Martín auténtico se ligan, pues, a un

momento de protagonismo de masas en la Argentina, aun cuando el

peronismo gobernante, probablemente para evitar disensiones en el

amplio frente nacional, no aborda en profundidad la polémica histórica.

 

Tampoco es casual que, mientras el gobierno de Aramburu-Rojas se

asocia a la inauguración del monumento al Urquiza claudicante de 1860,

la renovación metodológica de la investigación histórica en la

Argentina expresada en la Historia Social-con el acceso a cargos

importantes de José L. Romero y Tulio Halperín Donghi- asume

plenamente al San Martín oficial, procurando, con las nuevas técnicas,

mantener incólume el viejo mausoleo ya deteriorado.

 

También significativamente, San Martín se entremezcla en las manifestaciones populares, años después, al producirse el alza de

masas de los 70, cuando los jóvenes peronistas que levantan el

-socialismo nacional recuperan su bando de 1819 con aquello de -Seamos

Libres, lo demás no importa nada. Juremos no dejar las armas de la

mano, hasta ver el país enteramente libre, o morir con ellas, como

hombres de coraje.

 

Esta circunstancia parece asociada a aquella frase con la cual Sarmiento reprobaba la -prevención de San Martín ante el extranjero: …la estatua de Piedra del antiguo héroe de la independencia parecía enderezarse sobre su sarcófago para defender a la América amenazada

44.

 

44.- Carta de D. F. Sarmiento a A. Aberastain, del 4/9/1846, en Viajes, ob. cit., p. 126.

 

Asimismo, resulta significativo que uno de los más duros ataques al

mito del antibolivarismo de San Martín provenga del grupo Frente

Obrero, cuando uno de sus integrantes, bajo el seudónimo de López

Montenegro, señala, en el prólogo de la edición argentina del Simón

Bolívar de Carlos Marx, que el General conservaba en su casa el

retrato del Libertador venezolano, bien expuesto, durante su exilio.

 

En los últimos años esta estrecha correlación entre historia y política vuelve a manifestarse cuando San Martín y Bolívar adquieren cada vez mayor vigencia, en tanto la independencia y la unión de América Latina se tornan discusión habitual.

 

En el caso de San Martín, se acentúa el interés cuando Rodolfo Terragno descubre en Londres un plan redactado por T. Maitland, en 1800, destinado a que Su GraciosaMajestad Británica se apodere de las tierras españolas de América, con una estrategia militar semejante a la aplicada luego por San Martín.

 

Si bien Terragno no plantea que el General actuase al servicio de los ingleses, su libro crea una inquietud que es desarrollada por Juan Bautista Sejean en San Martín y la tercera invasión inglesa, con esta pregunta clave: ¿Por qué motivo este teniente coronel del ejército español pasa a Londres, se informa casi seguramente de un plan inglés de dominación de América, decide lanzarse al Río de la Plata y aplicarlo, lo cual lo obliga a enfrentar al ejército al que pertenecía hasta pocos meses atrás?

 

Como ya resulta pueril sostener que percibió el -llamado de la selva o que las influencias de los primeros seis años de vida pudieron crearle un -patriotismo argentino, Sejean supone que en Londres se convirtió en mercenario al servicio de la Corona, y lo afirma sin ambages: Es un agente inglés.

 

Se intenta fundamentar la tesis con algunos otros argumentos, pero el

más importante es el indicado: la causa de su regreso en 1812.

 

Si la revolución de Mayo era contra España, un alto oficial español sólo puede venir a América a luchar contra su propio ejército porque, al pasar por Londres, alguna razón muy importante lo condujo a cambiar de bandera y ésta sólo podría ser el oro británico.

 

El argumento es fuerte y los historiadores liberales callan, en su inmensa mayoría.

 

Sólo Patricia Pasquali, discípula y admiradora de Carlos Segretti, se anima a bajar a la arena, intentando refutar a Sejean.

 

Esta historiadora comienza por desechar, por pueril y poco seria, la tesis de los -recuerdos infantiles, con lo cual quema las naves de los historiadores liberales y en lugar de causas sentimentales ofrece una que provendría de la más madura reflexión: San Martín, después de largas cavilaciones, comprende que un indiano de familia pobre carece de posibilidades de hacer carrera en el ejército español.

 

De ahí su decisión de abandonar ese ejército, sin horizontes para él, y dirigirse a América para luchar, precisamente, contra ese ejército en el cual ha batallado más de dos décadas, en treinta combates por tierra y mar.

 

Esta posición histórica se  convierte en la última trinchera de la Historia Oficial, levantada para salvar a San Martín de ser un agente extranjero. Inteligente, osada, pero no convence.

 

Es San Martín un arribista, un escalador de posiciones, un hombre tan

cegado por el interés egoísta como para abandonar camaradas, relaciones, bandera, tradición, etc.?

 

Por otra parte, la lucha que empeñaban los liberales españoles para democratizar el país, ¿no creaba acaso las condiciones para su ascenso, eliminando esas causales de origen y patrimonio, propias del ejército anterior a la revolución de 1808?

 

Si sólo quería guerrear y convertirse en un general famoso, ¿no podía elegir otro lugar que no fuera precisamente aquel donde debía enfrentar al propio ejército del cual procedía.

 

La última trinchera se desarticula también.

 

Sejean aprovecha para señalar que -es la primera apologista que admite

que no fue el patriotismo el sentimiento que lo trajo a estas tierras.

 

En ese punto coincide exactamente con lo que yo digo en mi libro.

 

Le critica que sus argumentos son contradictorios, porque en parte pareciera animarse a decir que viene por su vocación liberal, pero

luego enfatiza más la tesis de que fue un cálculo, una especulación

personal por la falta de horizontes profesionales en España 45.

 

Por su parte, el Instituto Nacional Sanmartiniano emite una

declaración en la que denuncia que Sejean osa desvirtuar, parcial o totalmente, el sentido patriótico del regreso de San Martín y que nada

de todo lo dicho por el escritor es cierto, nada de todo ello se ajusta a la verdad histórica 46.

 

Este documento, sin embargo, no aporta argumentos capaces de destruir

la tesis de Sejean, por lo cual éste replica que sería interesante y

enriquecedor que los académicos se animaran a replicar mis asertos con

documentos, testimonios, con juicios fundados, para concluir en que la

declaración mencionada revela la impotencia de los autores para debatir sobre los temas que he osado revisar sin pedirles permiso 47.

 

Sejean protesta, además, porque su libro no ha recibido comentarios, siendo víctima de -la táctica del silencio: Yo me pregunto, ¿cómo se las arreglan?

 

¿Cómo obtienen el silencio de todos los medios gráficos, la adhesión de todos los historiadores, la complicidad de tantos?

 

¿Qué se esconde detrás de todo esto? 48

 

45.- Sejean, Juan B., Prohibido discutir a San Martín, Buenos Aires, Biblos, 2000, p. 78.

46.- Declaración del Instituto Nacional Sanmartiniano, cita Sejean, J. B.en Prohibido ob.cit.pp. 29/30.

47.- Sejean, J. B., Prohibido…, ob. cit., p. 31.

48.- bid., p. 98.

 

Llevado de esta inquietud, Sejean lee Oswald Spengler y se sorprende: En lugar de la hoguera como en China, donde qemaban los libros, aparece ahora el gran silencio […]

 

El lector se entera de lo que debe saber y una voluntad superior informa la imagen de su mundo 49.

 

49.- Ibid. (Sejean cita a Oswald Spengler, La decadencia de Occidente, Madrid, Espasa Calpe, 1964, pp. 537-539.).

 

Seguramente Sejean no ha leído a Jauretche, Scalabrini Ortiz y otros que hace muchos años denunciaron cómo funcionan los mecanismos de silenciamiento en la Argentina, convirtiendo en malditos a los escritores molestos, como Manuel Ugarte, Manuel Ortiz Pereyra, Juan José Hemández Arregui o José Gabriel, entre tantos.

 

En ese caso, quizás se habría enterado de que, desde hace décadas, dos historiadores españoles explicaron las razones de San Martín pero que, por cuestionar la Historia Oficial, sus libros fueron silenciados más aún que el suyo (que tuvo importantes avisos publicitarios y alcanzó cuatro ediciones, más el nuevo libro Prohibido discutir a San Martín).

 

Efectivamente, en 1932, Eduardo García del Real formuló una explicación razonable destacando la formación hispánica de San Martín y su adhesión a las nuevas ideas liberales que traían los vientos de la Revolución Francesa, las mismas que provocaban los levantamientos en América, al grito de Juntas, como en España, a partir de 1808.

 

Como esto implicaba otorgarle a Mayo un carácter democrático y no separatista (ni anti hispánico, ni pro británico), pasó a ser un escritor maldito.

 

Más tarde, en los años cuarenta, Augusto Barcia y Trelles profundizó esos argumentos en una obra de seis tomos que fue también sepultada en el mayor de los silencios.

 

Ese boicot concertado que funciona tan aceitadamente – la sabia organización de la ignorancia, lo llamaba Scalabrini Ortiz , condenó la tesis de ambos historiadores, pero no a través de la polémica, sino ignorando sus libros, cerrándole sus espacios, negándoles el ingreso a las casas de estudio, omitiendo los comentarios bibliográficos.

 

Auscúltese hoy, por medio de una encuesta, cuántos estudiantes de la carrera de Historia conocen a García del Real o a Barcia y Trelles y se tendrá la prueba de lo que señalamos.

 

Ambos historiadores seguramente le podrían haber explicado a Sejean de qué manera opera el silenciamiento sobre aquellas ideas que molestan a los sectores dominantes, de lo cual Sejean se sorprende sólo ahora.

 

Censurada la interpretación de los dos historiadores mencionados, ni siquiera discutida (la obra de Barcia y Trelles supera las 2600 páginas!), durante décadas se repitió la Historia Oficial.

 

No imaginaron los historiadores oficiales que un día aparecerían Terragno y Sejean para provocar una polémica que exige una definición.

 

Si la interpretación tradicional de la revolución de Mayo es correcta y éste es, por tanto, un movimiento separatista desde su inicio y marcadamente antihispánico, la única explicación de la conducta del gallego San Martín -modelado como español entre los siete y los treinta y cuatro años- reside, como afirma Sejean, en que fue cooptado por los ingleses durante su estadía en Londres.

 

Si, en cambio, la revolución fue inicialmente democrática, popular, y formó parte de la revolución liberal española comenzada en 1808 y extendida a América, como lo sostuvieron Alberdi, Manuel Ugarte y otros, entonces San Martín regresó para continuar su lucha desarrollada en la península y de ningún modo está -vendido al oro británico, resultando un general hispanoamericano, lo cual explica que cruce los Andes usando una bandera distinta de la argentina y marche al Perú con bandera chilena.

 

En este segundo caso, queda a salvo San Martín, pero se derrumba la Historia Oficial impulsada por la clase dominante, a través de Mitre.

 

No sólo es falsa la interpretación de Mayo y, por tanto, incorrecta la biografía de Belgrano, sino también la de San Martín; y por efecto dominó, caen estrepitosamente de la biblioteca las obras de Vicente F. López, Grosso, Levene, Rojas, Astolfi, Ibáñez y tantos otros, del mismo modo que se hunden las lecciones de tantas inocentes maestras y desprevenidos profesores secundarios, como, asimismo, los apuntes desgrabados de las cátedras universitarias hasta hoy más prestigiosas.

 

El camino parece bifurcarse indefectiblemente.

 

No existe manera de continuar la marcha sin optar.

 

Probablemente, sólo un amplísimo debate, abierto a todas las corrientes historiográficas,

políticas e ideológicas, permita superar la encrucijada.

 

En esta polémica por venir, la obra que con tanta paciencia acaba de leer se pronuncia -como usted ya lo ha advertido- por un San Martín revolucionario latinoamericano, General de la Patria Grande.

 

Buenos Aires, julio de 2000.

 

Ya en imprenta este libro, la aparición de la novela histórica Don José, de José L. García Hamilton, ha provocado gran escándalo. Por un lado, este autor expone la hipótesis de que San Martín sería hijo de Diego de Alvear y una india guaraní.

 

Por otro, inserta una decena de mujeres en su vida -resultando cuatro hijos naturales- a lo cual suma un -vicio indecoroso en la pubertad, la adicción al opio, y el alcohol y hasta… las hemorroides.

 

El propósito sería -humanizado o más bien, según expresa el autor, concluir con la -educación patriótica.

 

Racistas y pacatos han reaccionado furibundamente con lo cual se instala una nueva polémica que desplaza del centro de atención mediático a la que lo ocupaba hasta ahora: los motivos del regreso a América en 1812, si era -o no agente inglés.

 

Así, García Hamilton propugna un San Martín de raíz guaranítica, tan humanizado que hasta le echa cargos de corrupción, mientras sus contendores prefieren al San Martín blanco, tradicional.

 

Pero unos y otros soslayan la polémica respecto de que fuera mercenario al servicio de Inglaterra.

 

Como se ha dicho alguna vez, la trampa a veces consiste en discutir profundamente las cuestiones secundarias y superficialmente -o no discutir-las cuestiones fundamentales.

 

El viento globalizador que pretende borrar las patrias, el seudo progresismo que se agota en la siembra de escandaletes y/o la prédica de la resignación -dirigida a borramos un futuro de independencia y justicia- ocuparan tal vez algunas semanas los medios con polémicas falsas.

 

Pese a ello la verdadera discusión continuará en pie.

 

De ella emerge necesariamente -cabalgando desde el pasado y acompañándonos en las luchas por venir- un San Martín liberador y unificador de América Latina.

 

NG/