GREGORIO GOYO LEVENSON y LOS CHICOS DE LA CALLE

Elena Luz González Bazán

Levenson:-El centro de la política social de todos los gobiernos, acentúa su preeminencia en los institutos, que son cárceles de chicos que deforman y generan futuros delincuentes.

 

 

GREGORIO GOYO LEVENSON y LOS CHICOS DE LA CALLE

Esta entrevista fue realizada en su momento, en conjunto con el editor Carlos Gabaldón.

 

Por Elena Luz González Bazán 

                                                                                                   2003


-¿Cuándo empieza a trabajar con los chicos de la calle?

 

Con los chicos de la calle comencé a trabajar en Costa Rica, en un Organismo Internacional que se dedicaba a la atención de los refugiados que había en Centro América y me especialicé a atender a los chicos marginados.

 

Allí empecé a tener relación con este tema por el ’80 más o menos y luego trabajé en varios países de la región contratado por UNICEF y por la Organización de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.

 

-¿Cuándo volvió a Argentina y cuándo comienza a trabajar acá?

 

En 1984 vuelvo y todavía contratado por Naciones Unidas para problemas de reinserción de los argentinos que estaban en el exilio pero me dedico más especialmente a los chicos de la calle junto con un grupo de compañeros formamos un grupo y organizamos una experiencia concreta en el gobierno de Alfonsín.

 

En el Intendencia de Suarez Lastra presentamos un proyecto para hacer un hogar escuela para los chicos de la calle.

 

Esto fue aceptado, armamos este proyecto en Barrio Norte, donde en aquel momento había un asilo y llegamos a tener 100 chicos.

 

Reciclamos el lugar, hicimos un Centro Educativo y de Asistencia Económica y Social a chicos de la calle marginados, trabajamos con chicos de la Plaza Once, Constitución, Retiro, Liniers, etc. y armamos un programa cuyo eje era la recuperación de los chicos por el trabajo y el estudio.

 

Estuvimos trabajando casi un año.

 

-¿Eso continuó?

 

Como siempre ocurre en nuestro país, son lacras que tiene el país, estos programas giran sobre las bases políticas de los gobiernos de turno, en aquel momento los radicales perdieron el gobierno y entonces se deshizo el proyecto.

 

-¿Cómo era el asilo que se recicló?

 

Sí, ese era un local que pertenecía en épocas de la dictadura al gobierno de la ciudad, pero era un asilo de marginados, venía de antes dependía de una asociación fundada por Rivadavia en mil ochocientos y pico…

 

Era un depósito de chicos.

 

-¿Cómo hacían para conectarse con los chicos?

 

Nosotros partimos de la base de un proyecto cuyo primer objetivo es la desarticulación de los institutos, sostenemos que los institutos no sólo no resuelven sino que agravan el problema.

 

Nosotros planteamos la formación de hogares que saquen al chico de la calle, que no solo sea benefactor para el chico, sino abrir una perspectiva de transformación social este es nuestro objetivo central que divergen con los otros proyectos no gubernamentales, ni que hablar de los oficiales.

 

El centro de la política social de todos los gobiernos, acentúa su preeminencia en los institutos, que son cárceles de chicos que deforman y generan futuros delincuentes.

 

Nuestro objetivo es sobre la base del estudio, del trabajo, de la generación de oficios, integrar a los chicos en un proyecto que le permita una independencia para su futuro.

 

Por eso en esa experiencia del ’85 no era un hogar integral, sino un complejo educativo, cultural y social donde los chicos entraban a las 8 de la mañana, desayunaban, después participaban de las distintas actividades escolares, resolvíamos el problema de la documentación, de su integración con la familia y teníamos cinco talleres de formación.

 

Allí se iba generando un oficio.

 

Por supuesto que no podemos hablar de grandes cosas porque duró un año y pico.

 

Como siempre ocurren las cosas las hacen a plazos políticos no sociales ni necesarios.

 

-¿Cómo seguía la jornada en el hogar escuela?

 

Luego de comenzar la jornada, almorzábamos allí, se descansaba y luego se seguía con las actividades incluso las deportivas, hasta las seis de la tarde.

 

Se bañaban, se lavaban la ropa en un lavadero que teníamos y a las 20 horas terminaba la gestión.

 

No dormían allí, justamente la idea era conseguir afuera donde dormir, el proyecto era integrarlos con la familia, cosa que era muy difícil, o conseguir algunos otras cosas que fueran exclusivamente dormitorios.

 

¿Volvían los chicos regularmente?

 

Sí, volvían regularmente.

 

-¿Los chicos iban al colegio?

 

Nosotros mandábamos a los chicos al colegio, el proyecto era que terminaran la primaria, algunos terminaron la secundaria e incluso algunos de los nuestros fueron a la universidad.

 

En el tema recursos.. ¿cómo les fue con las empresas particulares?

 

El problema es así, cuando hay una política de estado seria y una ética y una moral hay privados que participarían pero sin esa tendencia la gente no tiene confianza donde va el aporte.

 

En ese proyecto anterior conseguimos que el gobierno belga nos instale un taller mecánico, otra empresa nos regaló un auto para que los chicos trabajen.

 

¿Y eso en qué quedó?

 

Y después eso se perdió, quedó solo un grupo pequeño que se llama COPA que trabaja en Flores Sud.

 

– ¿Cuándo regresó al país?

 

Año ’84 vuelvo a la Argentina, sigo contratado por las Naciones Unidas para la reinserción de los argentinos que estaban en el exilio, pero me dedico más específicamente al tema de los chicos de la calle.

 

Hacemos con un grupo de compañeros organizados una experiencia concreta durante la intendencia de Suarez Lastra en la ciudad, presentamos un proyecto para hacer un hogar escuela para los chicos de la calle que fue aceptada y llegamos a tener 100 chicos.

 

¿Eso continuó?

 

Luego, como siempre ocurre en nuestro país, esa es una lacra que tenemos, estos programas siempre giran sobre la base de los intereses políticos de los gobiernos de turno.

 

En su momento los radicales perdieron el gobierno y entonces se deshizo el proyecto en la Capital Federal.

 

¿Cómo hacían para conectarse con los chicos?

 

Nosotros teníamos un proyecto y partimos de esa base.

 

Un proyecto más integral, nosotros como primer objetivo planteamos la desarticulación de los institutos.

 

Sostenemos que los institutos no sólo no resuelven sino que agrava los problemas y nuestro principio se sigue acentuando en la formación de hogares que saquen al chico de la calle, que no sean sólo benefactores del chico, sino que sea con una perspectiva de transformación social.

 

Ese es el objetivo central nuestro que divergen con los otros proyectos.

 

Todos parten del eje de los institutos, que son cárceles de chicos, que no sólo no resuelven, sino que deforman y generan futuras delincuentes.

 

Nuestro objetivo es precisamente generar sobre la base del estudio, el trabajo, la formación de oficios, generar algo en los chicos que les permita una salida.

 

Lo que seguimos sosteniendo es que debe ser una estructura educativa, cultural y social donde los chicos entraban a las 8 de la mañana, desayunaban, después participaban de las distintas actividades, inclusive las deportivas hasta las 18 horas.

 

-¿Cómo concluía el día?

 

Ah! Si, teníamos un lavadero para que los chicos se lavaran la ropa y a las 20 se terminaba.

 

No dormían en la casa, sencillamente para no darle un carácter institucional.

 

La idea era conseguir afuera donde pudieran dormir.

 

También el objetivo era integrarlos con la familia para que no anden en la calle.

 

Eso era difícil lograrlo. Pero los chicos volvían regularmente.

 

¿Cómo hacían para lograr que los chicos se acercaran?

 

Para recogerlos comenzaba con la estructura del operador de calle, ese es el primer eslabón, aventajado estudiante de psicología, sociología, ciencias sociales pero con principios científicos para poder tratar a los chicos.

 

Nosotros creamos la escuela de operadores donde se hacían cursos para esa tarea.

 

Luego operaban en las distintas ranchadas.

 

Primero había que ser una ayuda para ellos, ganarse la confianza, una vez resuelto esto los invitaban a los chicos a venir, entonces comenzábamos a hacer una política de persuasión.

 

Más del 90 por ciento se integraban. Llegamos a tener 100 chicos desde 6 a 18 años.

 

Comenzábamos por resolver los problemas más elementales: desayuno, almuerzo y cena, lavar la ropa y hacer deportes.

 

¿Tienen proyectos presentados?

 

Si innumerables, pero como decía antes aquí los proyectos responden a las necesidades de los tiempos políticos y no a los problemas sociales, entonces por lo general no hay respuesta.

 

Hemos presentado al Senado para una granja en Florencio Varela, pero cada vez que se cambia la dirección política se terminan los proyectos.

 

Hemos hecho un hogar en Misiones, en San Ignacio, trabajamos en Entre Ríos con el gobernador de esa provincia. Asesoramos en Chubut, La Pampa, Chaco, Mendoza.

 

Ahora básicamente trabajamos en asesoramiento.

 

¿Cuál es el porcentaje de chicas y chicos?

 

La mayoría son varones, si es que se puede cuantificar podemos decir un 90 por ciento contra un 10 por ciento, si es que las hay.

 

¿Por qué abandonan sus casas, cuáles son las problemáticas?

 

Este es un problema social profundo, por la gran crisis económica que atraviesa la familia (es así en todos los países) hay hogares que lo soportan.

 

Pero esas crisis son acompañadas por taras terribles: alcoholismo, droga, robo, violencia, delito.

 

El 80 por ciento de los casos es porque los padres no tienen ocupación.

 

Por ejemplo en Florencio Varela, donde hay unos chicos en la calle, la madre sale a trabajar.

 

Deja a los más chiquitos con los más grandes, así van a la calle y parece que hay un periplo marcado cuando llegan a la estación de tren, allí las madres dicen que ya no tienen retorno, cuando toman el tren que se va a la gran ciudad para conseguir unas monedas más.

 

Donde comienzan a pelear contra las violaciones, la policía por la subsistencia

 

¿Cómo es el proyecto?

 

Es un proyecto disciplinado, no autoritario. Formación general como los padres.

 

En nuestro proyecto tienen que terminar la primaria.

 

Algunos de los nuestros terminaron la secundaria y algunos fueron a la universidad.

 

No es una cuestión voluntarista, deben haber recursos para una política de Estado, tiene que haber una contención ideológica.

 

Nuestra fórmula era hacer de cada chico de la calle un militante de la vida.

 

Esta es una política que expulsa

 

A pesar de esta política que expulsa, ya lo hizo con los padres a la marginación, desde el punto de vista técnico se pueden hacer algunas cosas por los chicos. (Nos habla sobre el libro Banderas sobre las Torres y sobre lo que dice Macarenko).

 

No se trata de darle de comer, se trata de hacer un chico nuevo.

 

En Minoridad y Familia se ha robado mucha plata…

 

¿Y con empresas particulares?

 

El tema es así cuando hay una tendencia hacia una política ética y moral se enganchan cosas importantes, pero la gente tiene que tener confianza que ese aporte va a jugar el rol al cual es destinado, entonces generas confianza.

 

Mirá en este proyecto conseguimos empresas y gobiernos.

 

Los belgas nos instalaron un taller mecánico.

 

Otra empresa regaló un auto para ese taller.

 

¿Y eso en que quedó?

 

Ah! Bueno, se perdieron las cosas cuando terminó el proyecto, siempre es igual, esto es lo que resta seriedad para que los particulares y los gobiernos internacionales puedan seguir aportando.

 

¿Cómo se manifiestan los chicos, como sienten el rechazo de la sociedad?

 

Con odio, con bronca, escépticos, no creyéndole a nadie.

 

Se sienten no sólo rechazados, violentados.

 

Son víctimas predilectas de los policías.

 

Vos a los pibes les hablás de los derechos del niño y les resbala, porque en la vida cotidiana eso no ocurre, les patean de todos lados.

 

No les podés pedir a ellos una defensa ideológica, ni cultural, entonces ellos mismos se transforman en violentos contra los más chicos; en violadores ya que ellos son violados.

 

Todos los chicos que entran a un instituto son violados.

 

Esa es una cada muy jodida.

 

Después saltan a la droga.

 

Se hacen muy despiertos, buscan la ventaja, salen a la calle a buscar comida todos los días.

 

Comienzan con el pegamento que ellos mismos dicen le quita el hambre, después siguen con las más duras.

 

Eso es porque el medio los lleva a esa situación y no hay políticas para resolverlo.

 

Ahora, hay otro flagelo que es el SIDA, todos los pibes están expuestos al SIDA.

 

Debe haber un alto porcentaje de chicos con SIDA.

 

¿Qué hay que hacer con los institutos?

 

Hay que cerrar todos los institutos.

 

Uniformar toda la política social de menores en una sola línea.

 

Ahora hay por lo menos diez líneas de trabajo distintas, desde los comedores hasta hogares y todos luchan por la subsistencia cotidiana.

 

¿Y las políticas sociales, hacia dónde van? Somos críticos de toda la política.

 

Nos encontramos por ejemplo que el Consejo del Menor y la Familia siempre fue un foco de perversión y degradación de los chicos, tanto por los principios por los que se rige, como por los funcionarios que han estado y estado al frente.

 

¿Entonces, no hay decisión política para resolver esto?

 

No hay decisión política para la recuperación de los chicos por el trabajo, el estudio y la integración con las familias. Cualquier estructura tiene que ajustarse sobre la base de una disciplina, tiene que cumplir una cierta obligación.

 

La calle da una libertad descontrolada, eso los tienta a los chicos.

 

Hasta que no haya una política de estado esto es difícil de resolver.

 

Todos los cargos siguen siendo cubiertos por intereses políticos y no por necesidades sociales. 

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