COMBO DE LA LEY BANELCO DE DE LA RUA. A KIRCHNER

Eduardo Tagliaferro y Felipe Yapur .Juventud Sindical, Héctor Recalde y Adriana Meyer

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El Frente para la Victoria logró imponer 215 a 23 y sancionar en 2004, con la aquiescencia de la UCR, la nueva ley laboral enviada por Néstor Kirchner. en su reemplazo.

COMBO DE LA LEY BANELCO

(UNA VERGUËNZA DE LA DEMOCRACIA LIBERAL)

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LA LEY PONTAQUARTO DE NESTOR KIRCHNER DEROGA LA LEY BANELCO

Por Eduardo Tagliaferro y Felipe Yapur Pagina/12 (03/03/2004)

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SE CUMPLEN 14 AÑOS DE LA LUCHA DE LOS TRABAJADORES CONTRA LA LEY BANELCO

Por Juventud Sindical (19/04/2014)

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LEY BANELCO NO A LA IMPUNIDAD

Por Héctor Recalde Tiempo Argentino (15.08.201)

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PLAN CANJE: LO QUE HUBO ANTES DE LA LEY BANELCO

Por Adriana Meyer Infojus  (25-12-2013)

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Diputados hizo Ley la reforma laboral, con el voto del PJ y de la UCR. Maffei y Zamora, dos de las voces críticas.

LA LEY PONTAQUARTO DE NESTOR KIRCHNER DEROGA LA LEY BANELCO

La votación fue aplastante: 215 votos a favor y 23 en contra. Díaz Bancalari y Ubaldini, portavoces del oficialismo. Stolbizer hizo la autocrítica radical.

 

Por Eduardo Tagliaferro y Felipe Yapur

Pagina/12

03/03/2004

Para el justicialismo era un gesto necesario.

 

Para el radicalismo era la posibilidad de concretar un cambio de imagen después de haber impulsado la ley Banelco o de los sobornos.

 

Para la oposición se trató del primer tema del año parlamentario en el que tomaron fuerte distancia del Gobierno y en el que se pusieron de acuerdos varios bloques de centroizquierda impulsando la nulidad.

 

Más allá de algunos cruces picantes y del extenso debate, el oficialismo logró imponer sus números, con la aquiescencia de la UCR, y sancionar la nueva ley laboral enviada por el gobierno de Néstor Kirchner. Los votos afirmativos fueron 215 y los negativos 23. No hubo ninguna abstención.

 

Los que respaldaron la derogación de la anterior norma laboral básicamente condenaron las oprobiosas condiciones que rodearon la sanción de la anterior ley de reforma laboral.

 

Aquella que impulsó Fernando de la Rúa en el 2000 y que tras las sospechas del pago de sobornos a senadores, terminó con la renuncia del vice de la Alianza, Carlos “Chacho” Alvarez primero y luego con el desmoronamiento de la coalición de gobierno.

 

Fueron ocho horas y media de discusión en las que hubo de todo.

 

Desde algunos discursos muy aburridos y reiterativos, hasta otros, como el del jefe de bloque del PJ, el bonaerense José María Díaz Bancalari, con un marcado tono de sectarismo.

 

En el medio hubo espacio para una liviana autocrítica de la radical bonaerense Margarita Stolbizer, una defensa apasionada y descarnada de los derechos de los trabajadores por parte de la arista Marta Maffei.

 

El oficialismo transversal o no peronista tuvo en el periodista Miguel Bonasso a uno de sus principales voceros.

 

También se escuchó una vehemente crítica del socialista Jorge Rivas al contexto de corrupción en el que se sancionó la anterior norma laboral.

 

Como miembro informante de la Comisión de Legislación del Trabajo habló Saúl Ubaldini.

 

Su exposición reivindicó al papa Juan Pablo II en la condena que éste hizo del capitalismo salvaje y manifestó su “orgullo por que se discutieran normas que favorecen a los trabajadores”.

 

Claro que no fundamentó tamaña conclusión. Al final del debate, cuando el peronismo impuso su mayoría y rechazó las modificaciones propuestas por otros bloques, para expresar la negativa de la comisión hablaba la ex ministra de Trabajo, la bonaerense Graciela Camaño.

 

Esperó con paciencia su turno.

 

Cuando lo nombraron mostró su mejor sonrisa con la que graficó la alegría y emoción que le provocaba votar la derogación de la ley de los sobornos. Adolfo Rodríguez Saá hacía así su debut en la Cámara. Justificó su decisión al considerar que la voluntad de los legisladores de ambas Cámaras estuvo viciada.

 

Reivindicó la actitud de los representantes de San Luis que no acompañaron aquella ley.

 

Claro, no dejó pasar la oportunidad para enrostrarle a sus colegas del PJ que durante su corto mandato presentó un proyecto de derogación: “No hubo coraje y voluntad política de torcer el brazo de quienes habían perjudicado al trabajador con flexibilización y desempleo”.

 

Stolbizer tuvo a su cargo verbalizar el arrepentimiento radical: “El pueblo espera un mea culpa del radicalismo y de la Alianza. Yo estoy dispuesta a hacerlo sin ningún tipo de pudor, porque creo que si somos capaces de reconocer los errores sin culpa y sin vergüenza, pero con arrepentimiento, recién ahí podremos tener la autoridad para construir y diseñar una perspectiva de futuro”.

 

Luego adelantó la votación a favor de la iniciativa oficial.

 

La arista Maffei, otra debutante, tomó el guante lanzado por los radicales y dijo que “no alcanza con decir que nos equivocamos”.

 

La ex titular de la Ctera coincidió con el argumento oficial de que la ley no generará empleo pero criticó la remanida explicación de que el crecimientoeconómico lo logrará: “La década de la acumulación infame produjo en el trabajo enormes daños como el período de prueba, las indemnizaciones a la baja, caída de los aportes y de los impuestos”.

 

El debate transcurría con tonos disonantes. Algunos se retiraban a almorzar en los restaurantes vecinos al Palacio Legislativo.

 

El promedio de presentes no superaba los 100 diputados.

 

Hasta que una cuestión de privilegio presentada por la diputada Camaño rompió la rutina.

 

La ex ministra la retiró luego de que Alicia Castro dijera que no había querido ofenderla cuando dijo que “tal vez Recalde no llegó a ministro de Trabajo porque nunca entregó a los trabajadores”.

 

Luego de criticar a la ley Banelco, el socialista Rivas señaló que “los que tenemos una mirada distinta de la del Gobierno no estamos guiados por el odio. Queremos aportar al debate. Lo mínimo que podríamos demandar es tolerancia”.

 

La frase tenía como destinatario a Kirchner.

 

El legislador se mostró indignado con una definición que anteayer el Presidente hizo en el mismo recinto.

“Yo escucho y seguiré escuchando a los ciudadanos. Dialogando con ellos, sin intermediarios ni exegetas”, fue la afirmación de Kirchner que generó la rebeldía del socialista.

 

Bonasso, también debutante en la Cámara, aseguró que “venía a derogar una ley infame”.

 

Se remontó a los comienzos históricos del peronismo para hablar de los derechos laborales y sobre la causa judicial de los sobornos aventuró un deseo: “que Fernando de la Rúa y Alberto Flamarique terminen en la cárcel”.

 

“La coima y la presión, son los mecanismos de los empresarios, de los gobiernos y del FMI”, azuzó Luis Zamora.

 

 La respuesta la entregó Díaz Bancalari.

 

El legislador señaló que “la política de degradación del trabajo no se le puede atribuir al justicialismo alegremente”.

 

El legislador apeló a tener memoria, repasó los nefastos resultados de la Revolución Libertadora, se detuvo en el gobierno de la Alianza, pero tuvo una amnesia selectiva y olvidó los 10 años de menemismo.

 

Fue la primera sesión de ordinarias.

 

El peronismo estrenó su mayoría propia y la manejó a su guisa.

 

Tal como había solicitado el Ejecutivo, no aceptó cambios y obtuvo una holgada aprobación.

 

Desde la confesión del arrepentido Mario Pontaquarto el Gobierno buscó la derogación de la ley Banelco.

 

La logró, por así decirlo, sin despeinarse.

 

 

2000 – 19 de abril – 2014 Un día como hoy, doce años atrás la CGT que Lucha.

SE CUMPLEN 14 AÑOS DE LA LUCHA DE LOS TRABAJADORES CONTRA LA LEY BANELCO

Por Juventud Sindical

El miércoles 19 de abril del 2000, A las 2:50 de la madrugada, la Policía Federal recibió un oficio de la Fiscalía Contravencional Nº 7, veinticinco minutos después comenzaba la represión, una feroz avanzada de la Guardia de infantería contra los trabajadores.

Todo comenzó a las diez de la noche del martes, cuando los funcionarios de Interior se enteraron de las intenciones de Hugo Moyano a través de los legisladores del Partido Justicialista (PJ), quienes comentaron que el líder sindical había decidido movilizar a los trabajadores para impedir el tratamiento de la nueva ley de flexibilización laboral cuyo contenido precarizaba aún mas las condiciones laborales y salariales de los trabajadores atacando directamente los convenios colectivos de trabajo y atándolos a condicionantes de productividad y políticas económicas, extensión del período de prueba de los trabajadores, etc.

Aún antes de que el proyecto llegara al Congreso, la ley ya tenía a la cúpula del Movimiento de Trabajadores Argentinos (MTA) como principal opositora.

El entonces dirigente camionero y actual secretario general de la CGT, Hugo Moyano, fue el primero en denunciar que el Gobierno de Fernando de la Rúa –había usado la Banelco para coimear a los senadores y obtener su voto en favor de la ley.

Desde ese momento, la norma se hizo conocida como la ley de la Banelco.

Mientras tanto, Flamarique negaba las acusaciones y la ley seguía su curso en el Congreso hacia una futura sanción.

Esa madrugada apenas comenzada la caza, cerca de las tres y media de la mañana, ocho policías rodearon a un joven caído en las cercanías del Congreso.

Lo golpearon con sus escopetas, con los bastones y lo patearon.

Uno de los uniformados sacó una navaja con la que tajeó la campera de la víctima, después de retarlo lo subieron al celular.

El comisario Laino, a cargo del operativo, utilizó los altoparlantes de un patrullero para notificar a los trabajadores de una orden judicial de desalojo, no hubo acuerdo.

Los agentes del orden comenzaron a tirar gases y avanzar sobre los hombres agolpados en la Plaza de los dos congresos.

Los trabajadores corrieron por Entre Ríos hacia la avenida Belgrano.

Julio Piumato, secretario Gral. de Judiciales, caminaba por la avenida en sentido contrario, luego dijo –sentí un dolor en la parte baja, pensé que se trataba de un casquillo de los gases, y empezamos a correr. A las cuatro cuadras noté una mancha de sangre en el pantalón, una bala había acertado en su cuerpo.


El saldo de la jornada: 49 detenidos; 30 manifestantes heridos y 12 efectivos de la Guardia de Infantería pasados a disponibilidad por el jefe de la fuerza, Rubén Santos, quien aseguró: –El operativo fue un fracaso.

En el caso de los heridos de bala, todos los disparos alcanzaron a sus víctimas de la cintura para abajo.

El de Piumato en los genitales, los otros dieron en una nalga, en una rodilla y en los dedos de un pie, ¿todos cumplieron la orden?, es evidente que si.


Durante el mediodía, unos dos mil manifestantes llegaron hasta las puertas del Congreso para repudiar la ley de reforma laboral y la represión de la madrugada.

Hoy nosotros como jóvenes trabajadores, recordamos y repudiamos los hechos de violencia que sufrieron los trabajadores la madrugada del 19 de abril del 2000, por defender los derechos que heredamos de Evita y Peron.

LA JUVENTUD SINDICAL

2000 – 19 de abril – 2014

Represión Brutal del Gobierno radical a los trabajadores que protestaban contra la Reforma Laboral del FMI sancionada con sobornos (LEY BANELCO) el mayor escándalo institucional de la historia argentina

QUE BUENO QUE NUESTRA JUVENTUD LLEVE CON ORGULLO NUESTRAS BANDERAS Y ANTES QUE NADIE RECUERDE Y LEVANTE LOS HITOS DE UNA RESISTENCIA HEROICA.

Julio Piumato                            Hugo Moyano

           SEC DDHH CGT                        SECRETARIO GENERAL

 

El 3 abril de 2000 escribí un artículo titulado “Reforma Laboral o Plan Canje”

 LEY BANELCO: NO A LA IMPUNIDAD

La reforma que proponía el gobierno encabezado por el presidente Fernando de la Rúa a la legislación laboral

–la posterior Ley Banelco– no figuraba en la plataforma electoral de la Alianza.

 

Por Héctor Recalde

Info News

15.08.2012 

 

Explicaba que el Fondo Monetario Internacional (FMI) había impuesto como condición, para brindar su apoyo y nuevos préstamos, la ley laboral que se debía sancionar. Puntualizaba además que algún gobernador quería conceder la ley laboral por la renegociación de las deudas de su provincia con la Nación.

 

Todo esto me llevó a titular aquel artículo remarcando que una ley que versa sobre derechos de los asalariados únicamente podía ser admisible si tenía el sentido de protegerlos, y no por el contrario de enajenarlos tal como surgía del proyecto que había sido presentado por el Poder Ejecutivo del doctor De la Rúa. Lo que no pensaba entonces era que el “canje” iba a transitar por los carriles del soborno.

 

Un sector del movimiento obrero –la entonces Confederación General del Trabajo (CGT) “oficial”– acordó con el gobierno nacional modificaciones que, por si fuera poco, empeoraron el proyecto, lo volvieron aun más regresivo.

 

Mientras tanto otro sector del movimiento obrero –la entonces “CGT Disidente”– se manifestaba en la Plaza de los Dos Congresos en contra del proyecto, siendo su movilización del 19 de abril del 2000 ferozmente reprimida y herido de bala estatal uno de sus dirigentes.

 

El día 26 de abril, los senadores quisieron convencernos de las supuestas “bondades” de las modificaciones que habían introducido al proyecto gubernamental original; pero para esconder “un elefante” habían llenado el proyecto de “elefantes”.

 

La ley aprobada fue perversa por la forma en que el gobierno de entonces logró reunir la voluntad de muchos senadores –para ellos tenían la Banelco–, pero también lo fue por su contenido: la ampliación de la precariedad en el empleo, la promoción de la negociación colectiva a la baja y la derogación de la regla de ultraactividad de los convenios colectivos.

 

Estos eran algunos de los requerimientos de los organismos internacionales de crédito a los que accedió el gobierno del doctor De la Rúa.

 

Después vino mi libro Crónica de una Ley Negociada presentado por dos protagonistas de la denuncia: Hugo Moyano, quien bautizó la norma como "Ley Banelco", y la entonces senadora Cristina Fernández de Kirchner.

 

El juicio oral que me tendrá nuevamente como testigo –ya declaré en dos oportunidades previas–, es el mecanismo institucional en el que respetando los principios constitucionales de presunción de inocencia y la garantía del debido proceso, permitirá que no triunfe la impunidad.

 

 

 

 

 

Coimas en el Senado Repercusiones del fallo

PLAN CANJE: LO QUE HUBO ANTES DE LA LEY BANELCO

Por Adriana Meyer

Infojus

25-12-2013|

 

Un legislador intuyó que tras las bambalinas de la negociación por la Reforma Laboral durante el gobierno de La Alianza había algo más y los plasmó en el libro "Crónica de una ley negociada", que la periodista Adriana Meyer rescata para echar luz sobre el fallo que absolvió a todos los acusados por el escándalo de las coimas en el senado.

 

 

Si Coimas en el Senado fueran una serie de películas, su precuela se llamaría Plan Canje, y el autor de la misma sería el diputado Héctor Recalde. Pero no es una obra de ficción.

 

Este legislador del Frente para la Victoria supo ver detrás de la trama política las negociaciones que antecedieron la sanción de la llamada Reforma Laboral, y aún antes que estallara el escándalo de los sobornos en la Cámara alta denunció una maniobra que ya configuraba un escenario en el que los votos de los senadores justicialistas, que tenían la llave para cerrar o abrir la reforma que apuntaba a flexibilizar las leyes que rigen la vida de los trabajadores, no iban a ser gratuitos ni por convicción ideológica.

 

“El mismo día, minutos antes de dar sanción a la ley 25.250, el Senado había aprobado una norma por la cual se adjudicaba una partida de 160 millones de pesos para planes Trabajar destinados a las provincias. En ese momento esto, para mí, formaba parte del “canje”.

 

Sin embargo, esa contraprestación no se produjo. Nadie reclamó por el incumplimiento oficial. La imaginación del lector y la justicia podrán determinar si estamos en presencia de una presunción grave, precisa y concordante de la existencia del soborno denunciado”, escribió Recalde en la contratapa de su libro Crónica de una ley negociada, ley 25250 de reforma laboral, publicado en octubre de 2000.

 

El 6 de ese mes, Carlos “Chacho” Alvarez le había dicho al entonces presidente Fernando de la Rúa “lo hubieras pensado antes”, minutos después de comunicarle que renunciaba a la vicepresidencia.

 

Aquella norma, que arrasaba con derechos y conquistas sindicales que habían costado décadas y sangre al movimiento obrero, había quedado bautizada como la ley Banelco desde el 29 de marzo cuando el sindicalista Hugo Moyano denunció que el ministro Alberto Flamarique le aseguró tener la tarjeta plástica bancaria para convencer a los senadores para que la aprobaran. Sin embargo, lo que relata Recalde en aquel libro son antecedentes de otro tipo de ofrendas que los radicales estaban dispuestos a negociar para obtenerla.

 

“Algo olía a podrido, pero no era en Dinamarca”, dice el diputado a Infojus Noticias parafraseando a William Shakespeare, al referirse a aquellas premoniciones que hizo al juntar datos que se venían sucediendo en torno al apuro y presión por sacar la ley.

 

Su olfato estaba entrenado por una larga experiencia como testigo y parte de la eterna puja entre el sector empresarial y las organizaciones de trabajadores.

 

En ese caso, era mucho lo que estaba en juego. “Mi tesis sigue vigente, las presunciones graves, precisas y concordantes estaban, lo que faltó es prueba directa, como no pudo declarar la esposa de Pontaquarto perdió fuerza de certeza”, reflexiona sobre la absolución de los imputados en el juicio oral que acaba de terminar.

 

“Soy partidario de las garantías del debido proceso pero sigo convencido de que los sobornos existieron. Lo que pasó en el Senado fue tan obvio. Yo participé en los debates y presencié cómo quisieron justificar con cambios cosméticos lo que realmente querían hacer. Era como pretender esconder un elefante”, agrega.

 

En el capítulo titulado Plan Canje, Recalde había relatado que “en lugar de debatir los alcances de la ley se comenzó a discutir y a intercambiar cuestiones totalmente ajenas a la esencia y los principios del derecho al trabajo”.

 

Por eso, preocupado ya no por el retroceso que la ley significaba para los trabajadores sino por la “suerte de las instituciones republicanas”, publicó un artículo en Página 12 en el que enumeraba los aspectos oscuros de la iniciativa.

 

“Ninguna de las medidas que se proponen estaba en la plataforma electoral de la Alianza, más bien todo lo contrario, además de atacar los convenios colectivos de trabajo y el respeto a la libertad sindical”.

 

Para el diputado era claro que el Fondo Monetario Internacional “aparece diciendo cuál ley quiere como condición de su apoyo y préstamos”, por lo cual “cuando algún gobernador afirma que querría conceder la ley laboral por la negociación de las deudas de su provincia con la Nación, estamos en presencia de un canje o permuta, y no de asegurar por ley el bien jurídico a tutelar”.

 

Ya en un plano más explícito, en el libro están reproducidas las palabras de un senador radical que confesó que “el gobierno no se va a quedar sin ley, los justicialistas lo saben, también los gobernadores a quienes les comunicamos que sin ley se terminan los ATN (Aportes del Tesoro Nacional), la refinanciación de deudas y todo tipo de salvatajes”.

 

Con el correr de los días, algunos medios ya usaban la frase “plan canje” en sus títulos.

 

El senador Augusto Alasino, que se había convertido en presidente de bloque en forma repentina, le prometió públicamente a Rodolfo Terragno que la ley sería aprobada antes del 7 de mayo, pero a mediados de abril dijo que “hay un grupo de seis senadores que estamos por rechazar la ley”.

 

Además de él, eran Remo Costanzo, Ricardo Branda, Osvaldo Sala, Julio San Millán y Héctor Maya.

 

Luego de que esta media docena de padres de la patria cenara con Fernando de Santibáñez y Enrique Nosiglia, Alasino dejó el suspenso en el aire al decir que “hay promesas que todavía no se cumplieron”.

 

A los pocos días, De la Rúa firmó un decreto ampliando a 35 millones el monto de los planes Trabajar, lo que duplicaba esa prestación.

 

Y luego se produjo otro “sincericidio”, en boca del sindicalista Rodolfo Daer, quien aseguró que no concurriría a la marcha de protesta convocada por Hugo Moyano porque “estamos de acuerdo con la reforma laboral, dado que el Gobierno cedió todo lo que pedíamos en función del consenso”.

 

Pocos recuerdan que el 19 de abril, la movilización de protesta en el Congreso contra la malnacida reforma laboral aliancista fue brutalmente reprimida y el sindicalista Julio Piumato, entre otros, resultó herido de gravedad.

 

Infojus Noticias quiso saber cuál podría haber sido el rol concreto del sector empresario, dado que semejante despliegue de prebendas varias con tal de obtener una ley flexibilizadora no podía ser producto de la iniciativa personal de los senadores. “Si sabían hicieron la vista gorda”, responde.

 

Aunque la sentencia de ayer dejó un sabor amargo a quienes vivieron de cerca este caso, el diputado Recalde rescata consecuencias que exceden la labor de un tribunal.

 

“Más allá de que no hubo condena penal, estoy seguro que la condena social ya fue dictada, los que conducían los bloques no tuvieron futuro político, y esa ley terrible, porque se debatía solamente el toma y daca pero no su nefasto contenido, fue derogada por Néstor Kirchner sin la menor resistencia, es decir que la suerte de la reforma quedó sellada con el escándalo”.

 

 

 

 

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