Lo ví en Lomas de Zamora en…Buenos Aires…en Granada, en Madrid, en Lisboa en Barcelona, en Francia siempre como una nube besando las praderas del ser humano.

EL ADIOS AL NEGRO GONZALEZ, ESE BARRILETE DE SUEÑOS.

Alfredo Carlino

 

La militancia es un pensamiento que sueña y seguirá, mientras haya tipos que nos hermanan como el Tato Contissa, Santiago Aragón, Gabriel Mariotto, el Beto Azurey, Martín García, Pancho Muñoz y tantos militantes que hacen de la vida un largo poema, una sinfonía que irradia la música que la miserabilidad no quiere escuchar, pero de existencia legítima, como fue la del negro González, tan igualito a sí mismo, como una canción que siempre nos conmoverá diciendo La Patria y el Pueblo existen más allá de los pigmeos arribistas y entregadores.

Por Alfredo Carlino
NAC&POP
13/01/2010

Lo fui conociendo de a poco, en los vericuetos del alma en esa pasión que nos lleva repentinamente al abrazo, que ignorábamos horas antes.

Uno anda vagando las estrellas por una ciudad entrañable, llena de asombros y misterio como es Buenos Aires.

A veces nos encontramos con otros seres que después lo comentarán eternamente…

Tienen gestos, contornos, afinidades, ideales, ganas de confrontar al enemigo, porque los hay en cantidades inimaginables, como también los amigos que transitan en la esperanza de encontrarnos.

Así era el Negro Gónzalez o el gitano para mi,

Lo conocí con otro barrilete de sueños que va arrojando encantamiento a su paso: Gabriel Mariotto, muy pendejos ambos, cuando comenzaba el 90 y las traiciones iban despellejando cada día, a la sombra de la miserabilidad que nos iba envolviendo.

Venia con mi tristeza caminando la noche porteña que conozco profundamente desde mi adolescencia llenando de poesía los boliches tangueros donde me asociaba a los jóvenes que llevaban el rock nacional para expresar los sueños del que quiere y no se encuentra.

Con Mariotto me abrieron las puertas de “Tilingos y Guarangos” para expresar la violencia que me producía la enajenación de una Argentina que la viví nacionalizandose, creciendo a pasos agigantados y regalada posteriormente por los eternos cipayos, ordenada por las metrópolis imperiales.

Amábamos la Patria, el box, a Boca juniors, a los ídolos populares, al Movimiento nacional; al Movimiento de los trabajadores, a Perón; a Ubaldini, en aquellos momentos aciagos del país.

Después vino la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, seminarios que hice, en los cuales lo tuve de ayudante hasta que Mariotto, ya Decano, resolvió que hiciéramos el proyecto cultural de carácter nacional.

Había que tener amor, testículos bien puestos, para enarbolar, por muchos países europeos, a estos nombres excluidos de nuestra Cultura Oficial.

Ninguno de ellos se estudian en nuestras universidades y menos en la secundaria.

Con el Negro González no solo compartíamos los ideales la universidad, la radio Ciudades de Lomas de Zamora, sino también radio Nacional y Cooperativa AM 740, en los que expresábamos la voluntad de rescatar un pensar nuestro, creado por pensadores y artistas, mas allá del signo político que fuera.

En su voz de locutor profesional pasaron cientos y cientos de cuentos que el moldeaba a su manera y que lo hacía de interés.

Lo ví en Lomas de Zamora en…en Buenos Aires…en Granada, en Madrid, en Lisboa, en Barcelona, en Francia siempre como una nube besando las praderas del ser humano.

Un extraño pajaro que cantaba trinando por el mundo, volanteando rocío para humedecer la soledad del semejante.

Su voz ya no se oirá en los cafetines, en las universidades donde llegábamos cantando y pensando fuertemente, en radios o en mitines de las militancias barriales, porque aún seguía soñando a pesar de las corrupciones, que la militancia existe y es un acto sagrado de la vida.
La militancia es un pensamiento que sueña y seguirá, mientras haya tipos que nos hermanan como el Tato Contissa, Santiago Aragón, Gabriel Mariotto, el Beto Azurey, Martín García, Pancho Muñoz y tantos militantes que hacen de la vida un largo poema, una sinfonía que irradia la música que la miserabilidad no quiere escuchar, pero de existencia legítima, como fue la del negro González, tan igualito a sí mismo, como una canción que siempre nos conmoverá diciendo La Patria y el Pueblo existen más allá de los pigmeos arribistas y entregadores.

Te estoy abrazando, Negro, como siempre

Alfredo Carlino

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