Rosas, como Quiroga, Ramírez y casi todos los caudillos, administraba personalmente su estancia lo que le daba un contacto con la clase popular

ROSAS COMIENZA SU PRIMER GOBIERNO.

Por Jose Maria Rosa

El interinato de Balcarce termina y la legislatura designa a Juan Manuel de Rosas Gobernador de la Provincia de Buenos Aires en diciembre de 1829 con las facultades extraordinarias por el estado de agitación e intranquilidad que aún existían después del magnicidio de Dorrego por parte de Lavalle y el gobierno porteño. 

ROSAS COMIENZA SU PRIMER GOBIERNO. 

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Por José María Rosa
Historia Argentina.

El interinato de Balcarce termina y la legislatura designa a Rosas Gobernador de la Provincia de Buenos Aires en diciembre de 1829 con las facultades extraordinarias por el estado de agitación e intranquilidad que aún existían después del magnicidio de Dorrego.
 Rosas, como Quiroga, Ramírez y casi todos los caudillos, venía de la clase de estancieros que administran personalmente sus estancias.

Eso les daba un contacto con la clase popular que no podían tener los profesionales y tenderos que vivían en la ciudad.

Los estancieros estaban identificados con sus peones gauchos: vestían sus trajes, montaban en recados, usaban su lenguaje y sus modalidades; en fin, hablaban, pensaban y obraban como dirigentes naturales del hombre de campo.

Hasta 1827 Buenos Aires había mirado hacia el río oteando la llegada de los hombres, las mercaderías y las ideas de Europa.

La tierra que la circundaba no tenía existencia política. En 1829 las cosas cambiaron. Buenos Aires no mirará al puerto sino a la pampa, desalojando el de afuera.

Con su gobernador rural se adentraba el espíritu de la tierra, desalojando el de afuera.

En 1829 la “provincia”, que en 1821 era solamente el centro de la ciudad y en 1827 llegaba a las orillas, se extenderá a la campaña.

Es que los orilleros –quinteros, matanzeros, libertos- que siguieron a Dorrego, han hecho ahora de Rosas su ídolo exaltado hasta la veneración.

En Rosas vieron los hombres “de posibles” que integraban la junta de Representantes al hombre serio, de trabajo y acción, que restauraría las leyes tan conculcadas desde la Revolución de Mayo.

Sabían que el Restaurador de las Leyes (como lo condecoraron oficialmente) no admitiría infracciones a ellas, como en sus estancias no aceptaba tergiversación a sus reglamentos camperos.

El ministro inglés informaba el 12 de diciembre de 1829 a Aberdeen sobre el nuevo gobernante: “su poder en este país es tan extraordinario como su modestia y moderación”.

Estaba satisfecho por haber mantenido en el gabinete “hombres honrados y bien dispuestos”.

El 24 de diciembre la legislatura aprueba una ley “declarando infamatorio y ofensivo a la moral todo lo publicado desde el 1 de diciembre que contenga injurias contra Dorrego, Rosas o los gobernadores de provincias”, que sería quemado por mano del verdugo bajo los soportales de la casa de Justicia.

Uno de los primeros actos de Rosas fue decretar los funerales de Estado a Manuel Dorrego, haciendo traer sus restos desde Navarro.

Una imponente comitiva encabezada por el gobernador sale del Fuerte.

En forma emotiva Rosas afirma: “Dorrego, víctima ilustre de las disensiones civiles, descansa en paz!”.

Las pasiones estaban demasiado enardecidas para mantener la lenidad de los propósitos iniciales. Rosas aplica las facultades extraordinarias y ordena el fusilamiento del coronel Montero el 23 de enero de 1830.

Se ha criticado su procedimiento (Rosas se negó a recibirlo y ordenó la ejecución a su hermano Prudencio en una nota que hizo llevar al mismo Montero).

Pero lo cierto es que la muerte de Montero escarmentó a quienes conspiraban. Se hacen secuestros de armas, y se manda a algunos unitarios al pontón “Cacique”.

Frente a las provincias litorales, Paz ha alzado su fuerte liga de gobiernos interiores que le confieren el “Supremo Poder Militar”.

Con poderes de Corrientes, y la anuencia de Rosas, Ferré concluye con López en Santa Fe el 23 de febrero un tratado: formar una liga ofensiva y defensiva entre las cuatro provincias debiendo enviar un representante cada una a Santa Fe y dar al gobernador de Buenos Aires el manejo de las relaciones exteriores.

En Buenos Aires, Ferré asiste incidentalmente al primer encuentro de Quiroga con Rosas.

El riojano, que acaba de ser derrotado en Oncativo, está indignado contra Rosas y López a quienes atribuye complicidad con Paz; le pide a Rosas, en duros términos, pasaporte para irse a Montevideo, Rosas le deja desahogarse, y acaba por volverlo al redil.

Las tropas de línea estaban anarquizadas después de la revolución de diciembre.

Rosas no separó a ningún jefe ni oficial, aunque los más comprometidos –con Lavalle a la cabeza- se vieron obligados a escapar a Montevideo o Córdoba por las iras populares.

Pero les exigió lealtad a federalismo. Estableció la conscripción obligatoria, sin privilegio de clases, y remontó la tropa hasta 10.000 hombres.

El 4 de enero de 1831 los delegados de Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos firman el llamado Pacto Federal.

Después de dejar sentado -pese a la “Liga Militar”- “que la mayor parte de los pueblos de la república han proclamado del modo más libre y espontáneo la forma de gobierno federal”, el pacto firmado entre José María Rojas y Patrón por Buenos Aires, Domingo Cullen por Santa Fe y Antonio Crespo (que había sustituido a Miranda) representando a Entre Ríos, decía: 

1º) Los gobiernos de Buenos Aires, Entre Ríos y Santa Fe ratifican y declaran en su vigor y fuerzas los tratados anteriores celebrados entre los mismos gobiernos en la parte que estipulan la paz firme, amistad y unión estrecha y permanente, reconociendo recíprocamente su libertad, independencia, representación y derechos.

El 4 de febrero, Rosas, por su ministro Anchorena, precipitó la guerra contra la Liga del interior.

Un manifiesto mencionaba la revolución del 1 de diciembre.

El fusilamiento de Dorrego, el terror implantado y finalmente el dominio de Paz en Córdoba y las provincias del interior por “la energía del crimen y la insolencia y crueldad del despotismo”.

Rosas había conseguido levantar un poderoso ejército de cerca de diez mil hombres –el mayor reclutado hasta entonces-, que acampó en las inmediaciones de San Nicolás: era el ejército de reserva que marcharía a las órdenes del ministro de guerra, Balcarce, y según las directivas del comandante en jefe de la guerra, Estanislao López, establecido en Calchines con dos mil dragones armados por Buenos Aires.

También armó Rosas 350 jinetes que puso a las órdenes de Facundo Quiroga: fue la División Auxiliar de los Andes que ganaría una magnífica campaña.

Cayó repentinamente en Río Cuarto el 5 de marzo tomándola después de tres días de lucha; Pringles, que la defendía debió escapar a San Luis, siendo muerto en El Morro.

En abril, la situación de Paz era comprometida.

Fracasados los intentos de Lavalle en Entre Ríos, derrotado Videla Castillo, en poder de los federales las provincias andinas, amagada Córdoba por las montoneras de los Reinafé y las tropas regulares porteñas de Angel Pacheco que había conseguido llegar a Fraile Muerto (Bell-Vile), su derrota inevitable se produciría al unirse el ejército porteño de reserva mandado por Balcarce, con las tropas de López.

No tenía retirada porque Quiroga avanzaba por Ischilín en el oeste.

Al atardecer del 10 de mayo, mientras el general Paz recorría las inmediaciones del fortín de El Tío, por error se acercó a una partida enemiga, siendo tomado prisionero al ser boleado su caballo.

La prisión de Paz era un tremendo y definitivo contraste para la revolución unitaria.

El 5 de junio Juan Felipe Ibarra “apenas liberada Santiago del Estero de las cadenas” expresará el propósito de incorporarse a la liga federal que formalizará el 20 de agosto restablecida su legislatura; en la misma fecha se agrega Córdoba; Mendoza lo anuncia el 9 de agosto; el 1 de octubre lo haría La Rioja.

El gobernador interino de Tucumán escribe el 5 de abril (de 1832) que no ha podido formalizar la incorporación por no haberse instalado la junta de representantes; lo hace el 8 de julio “aceptando todos los artículos comprensivos en el tratado celebrado el 4 de enero pasado”.

El 13 de abril (1832) se suma San Luis; el 4 de julio, Salta; el 3 de septiembre, Catamarca, San Juan en mayo de 1832 se consideraba perteneciente a la liga federal.

De ese conjunto surgió la “Confederación Argentina”.

Rosas usó con largueza las facultades extraordinarias mientras duró la guerra.

Terminada la guerra se hizo una gran campaña por la devolución de las facultades extraordinarias. Rosas, salvando su opinión, acabó por ceder: la “parte más ilustrada e influyente, aunque la menos numerosa, lo quiere”, dijo devolviendo las facultades extraordinarias a la legislatura el 7 de mayo.

En septiembre la comisión de negocios constitucionales de la junta proyecta modificar la ley del Poder Ejecutivo dando a los gobernadores el poder de legislar en caso de urgencia.

El proyecto fue rechazado el 15 de noviembre.

Como consecuencia de la devolución de las “extraordinarias” los presos políticos fueron dejados en libertad, y muchos exilados volvieron al país, entre ellos Florencio Varela llegado el 1 de diciembre.

El 6 de diciembre de1832 terminaba el período de gobierno.

El 5 la junta votó al reemplazante: hubo 29 sufragios por la reelección de Rosas y 7 por otros candidatos.

La barra vitoreó al Restaurador y el cuerpo señaló el 8 para que prestase nuevo juramento.

Rosas renuncia ante la insistencia de la legislatura que en 3 veces le pide que acepte su reelección.

Surge el nombre de Juan Ramón Balcarce, ministro de guerra y hombre de la confianza de Rosas. 


Se hace cargo como gobernador el 17.

Al recibir el bastón de manos de Rosas promete “no olvidar en el período de mi magistratura un modelo tan digno de ser imitado (Rosas) y presentarlo a mis compatriotas con el testimonio más justificativo de los sentimientos de un verdadero republicano”.

 

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