UN GRITO QUE ESTREMECE, VALLESE NO APARECE

Miguel Eduardo Landro

Nunca más apareció. /Su nombre era Felipe Vallese, / y fue el primer detenido desaparecido / de un país que convirtió esa palabra / en un insoportable símbolo nacional.

FELIPE VALLESE FUE EL PRIMER DETENIDO DESAPARECIDO 

Lo secuestraron cerca de la fábrica donde trabajaba, en Caballito. Tenía 23 años y era metalúrgico y militante de la juventud peronista.

 Nunca más apareció.

 Algunos testigos aseguran que lo vieron en una alejada comisaría de Villa Lynch.

 Que escucharon sus gritos por la tortura con la habitual picana eléctrica y que el repentino silencio sólo podía indicar una cosa: la muerte.

 La historia, que se repetiría hasta la desesperación varias dictaduras después, ocurrió el 23 de agosto de 1962, hace exactamente 40 años.

 Su nombre era Felipe Vallese, y fue el primer detenido desaparecido de un país que convirtió esa palabra en un insoportable símbolo nacional.

 PEDIDO DE JUSTICIA DE UN DETENIDO EN EL BARCO DE GUERRA BAHÍA TETIS  

Por Ana María Mariani,

Redacción

23/08/2008CEDULAFELIPEVALLESE-550-MAx

 Con la bayoneta calada, a una distancia de 40 centímetros del pecho, nos llevaban al baño. Esa era una de las tantas humillaciones que sufríamos en el Bahía Tetis.

En algo que es tan íntimo como ir al baño, permanecer con una bayoneta en el pecho mientras hacíamos nuestras necesidades significaba un daño moral tremendo”, expresa Julio Ferreyra Astrada.

Ferreyra relató a La Voz del Interior que en julio de 1962, después de la destitución de Arturo Frondizi de la presidencia, y con la vigencia del estado de sitio, fue detenido y puesto a disposición del Poder Ejecutivo “por órdenes del general Enrique Rauch.

La detención fue realizada por la Side a cargo del capitán de fragata Sabater”, dice Ferreyra.

En ese momento, Ferreyra Astrada era presidente de la compañía de cargas aéreas Transcarga SA que transportaba, bajo contratos, caballos de carrera desde el Aeropuerto de Ezeiza hasta Miami, para el hipódromo de la ciudad de Hialeah.

“Un día, al ingresar en Ezeiza, fui embolsado y llevado a un centro de torturas de Beccar, provincia de Buenos Aires”, relata Ferreyra.

–¿De qué lo acusaban?

–De que en mis aviones se transportaban armas que luego se entregaban a grupos guerrilleros. Una absurda acusación que nunca pudieron probar.

–¿Fue torturado?

–Sí. Sufrí torturas con picana eléctrica.

Me acostaban en una cama de madera y me exigían los nombres de los jefes de la guerrilla a quienes yo les entregaba armas.

Cuando perdía el conocimiento, me dejaban descansar unos minutos, me echaban un balde de agua y otra vez, la picana eléctrica.

Las torturas que sufrí me provocaron una grave variscocelis.

Hace 39 años que la trato con antiinflamatorios por los fuertes dolores en los testículos.

En ambulancia

–¿Después del centro de torturas de Beccar, adónde lo llevaron?

–Me llevaron en una ambulancia, semimuerto, al barco de guerra Bahía Tetis, anclado en el puerto de Buenos Aires, y me internaron en un camarote.

Allí había empresarios, gremialistas y políticos.

Calculo que éramos unos 300.

Entre ellos se encontraba el dirigente metalúrgico Felipe Vallese.

–¿Felipe Vallese estaba en ese barco?

–Sí. Una noche después de una sesión de tortura murió y se comentó que tiraron su cuerpo al río de La Plata.

Fui muy cauteloso con esto porque cuando lo comenté me amenazaron de muerte.

–¿Cuándo lo dejaron en libertad?

–Cuando ganó las elecciones Umberto Illia, la Marina mandó mi expediente a un juzgado federal de turno.

Me sobreseyeron y se ordenó mi inmediata libertad por no haber en el sumario ningún elemento que configurara ilícito.

–¿Como detenido bajo estado de sitio, no le caben los beneficios de la ley 24.043?

–Cuando se solicitó que comparecieran los beneficiarios de la 24.043, me presenté.

Pero la ley se reglamentó solo para los detenidos durante la última dictadura militar.

–¿Cuál es su reclamo, ahora?

–No pretendo indemnización por los daños materiales, como la destrucción de mis tres aviones, las oficinas, la documentación, los depósitos, los talleres.

Reclamo una reparación por los daños físicos y morales que he sufrido injustamente.

Fui torturado y enjaulado durante 14 meses en un buque de guerra.

El Estado debe resarcirme, como lo han hecho con otros detenidos por la ley nacional 24.043, sobre indemnizaciones para todos los detenidos bajo estado de sitio.

–¿Qué edad tiene?

–Tengo 80 años, quizá viva muy pocos más, pero quiero hacerlo dignamente.

Por lo menos, merezco una pensión graciable.

Ferreyra Astrada vive en condiciones muy precarias y es sostenido económicamente por sus hijos, que tampoco tienen una situación holgada.

 

A %d blogueros les gusta esto: