JERONIMO PODESTÁ, EL OBISPO QUE SE CASÓ

Sergio Rubin

Cuando confirmó su decisión de vivir con Clelia Luro, en 1967, Podestá era el obispo de Avellaneda. La suya fue una historia de amor.

JERONIMO PODESTÁ, EL OBISPO QUE SE CASÓ.

Por Sergio Rubin.

NAC&POP

24 de junio de 2000

 Pese al escándalo que provocó en su momento la difusión de que el entonces obispo de Avellaneda, Jerónimo Podestá, tenía una relación sentimental con su secretaria, Clelia Luro, los lazos de aquél con la Iglesia nunca se cortaron totalmente. 

Por lo pronto, el Vaticano no lo excomulgó por esa situación.

Ni siquiera lo redujo al estado laical (supresión de las exigencias sacerdotales), sino que lo suspendió en el ejercicio de su ministerio religioso. 

De hecho, siguió siendo obispo. 

 El propio papa Paulo VI accedió a recibir a Podestá cuando éste viajó a Roma con el fin de exponerle su caso.

 Pero la reunión no se concretó porque el obispo quería asistir con su compañera, lo que no era aceptado por el Pontífice. 

Se asegura que dos grandes amigos de Podestá y sus sucesores en Avellaneda, los cardenales Eduardo Pironio y Antonio Quarracino, siguieron sintiendo por él un gran afecto. Incluso, tuvieron discretos contactos con él. 

 A su vez, Podestá pareció mantener su aprecio por la Iglesia.

 Es que si bien siempre defendió su decisión, aclaró que sólo bregaba para que el celibato sacerdotal no fuese obligatorio. 

 En el último plenario de obispos, del mes pasado, el titular del Episcopado, Estanislao Karlic, transmitió un pedido de disculpas de Podestá por las heridas que pudo causar a la Iglesia su decisión formar una pareja.

 Y Karlic, al hacerlo, lo trató como monseñor.  

 FUE OBISPO DE AVELLANEDA ENTRE 1963 Y 1967

Desde 1967 fué suspendido en el ejercicio de su ministerio sacerdotal
Era un teólogo destacado y quería que el celibato sacerdotal fuera optativo ·

Podestá presidió la Federación Latinoamericana de Sacerdotes Casados

La suya fue una historia de amor tan osada para la época que superó la audacia de los autores de entonces.  

Aún hoy sacudiría a propios y extraños.  

De hecho, pasaron muchos años hasta que finalmente la situación se colocó con fuerza en una famosa película: El pájaro canta hasta morir.  Jerónimo Podestá, al confesar su amor por su secretaria, Clelia Luro, actualizó ¡y cómo! la polémica eterna sobre el celibato sacerdotal.  

Se entiende: cuando confirmó su decisión de vivir en pareja con Clelia, allá por 1967, Podestá era el obispo de Avellaneda.

Por eso debió dejar el obispado. 

A los 79 años, al apagarse su vida debido a un infarto, acompañado por su amada Clelia, confirmó el título del filme.

El también cantó hasta morir.

Pero su vida fue mucho más que un escándalo porque no fue sólo la confesión de un amor prohibido.  

En todo caso, su espectacular revelación fue el hecho más impactante de una vida entregada con firmeza y valentía a sus convicciones: la defensa de la dignidad de los pobres y la lucha por el celibato sacerdotal opcional, como que llegó a presidir una Federación Latinoamericana de Sacerdotes Casados.

Por lo pronto, Jerónimo fue desde siempre un sacerdote intelectual y humanamente sobresaliente.

Lo reconocían empinados sacerdotes que lo conocieron.  

Nacido en Ramos Mejía un 8 de agosto de 1920, egresó 26 años después del seminario de La Plata.

Licenciado en derecho canónico y teología, también estudio en la Universidad Gregoriana de Roma y llegó a ser un teólogo destacado. -Jerónimo era más que un experto en teología, fue un creador de teología, de una bondad enorme, lo describió una fuente eclesiástica.

Camarada del cardenal Raúl Primatesta y de monseñor Jorge Mejía, actual director de la biblioteca vaticana, Podestá cultivó una entrañable amistad con los cardenales Eduardo Pironio y Antonio Quarracino, afecto recíproco que prosiguió aun después de que aquél renunció al obispado de Avellaneda.

Paralelamente, comenzó a erigirse en una voz decidida y potente para denunciar las injusticias sociales y apoyar el compromiso de los sacerdotes con las reivindicaciones populares, en tiempos de creciente agitación política.

Tanto fue así que se afirma que el entonces gobierno militar, encabezado por el general Juan Carlos Onganía, aceleró el desplazamiento de Podestá del obispado y su camino al exilio eclesiástico.  

Otros, en cambio, creen que la Casa Rosada sólo se limitió a esperar, restregándose las manos, la caía del -obispo rojo.  

Eran tiempos en los que Podestá vaticinaba, con singular clarividencia, que -se venían tiempos muy duros para la dignidad humana, en alusión a la represión de Estado que se desató en el país varios años después, tras el golpe de 1976.

Pero el desagrado que su figura producía en los sectores militares y de la derecha política no acabarían con su salida del obispado.

En 1974, Podestá, luego de ser amenazado por la Triple A, debió dejar el país, junto con Clelia y las seis hijas del primer matrimonio de ella.  

En 1978, regresó al país, pero sólo por unos meses, ya que no era persona grata para las autoridades militares.

París, Roma, México y Perú, se contaron entre sus lugares de exilio.  Finalmente, pudo volver a radicarse definitivamente en el país en 1983, con el retorno de la democracia.

Paralelamente, Podestá siempre siguió reivindicando su condición sacerdotal, que, de hecho, nunca se pierde.  

Así, declaró en 1996: -Sin la menor duda, yo tengo la formación tradicionalísima de la Iglesia, que dice: tu eres sacerdote para siempre. Lo primordial es esa elección interior: ¡Yo quiero ser sacerdote!. ¿Y por qué? Porque quiero enseñar el bien, la enseñanza de Jesucristo.  

Y, pese a que fue suspendido ad divinis en el ejercicio de su ministerio sacerdotal, Podestá no se daba por vencido: -Celebró misa en el patio de mi casa, solía decir.

Pero admitía que debía -suplir una laguna eclesiástica como el celibato sacerdotal.

Por eso, cuando su caso salió a la luz, viajó a Roma para exponer su caso ante el papa Paulo VI.  

Pero no lo logró: quería ir a la audiencia con Clelia.

A poco de regresar al país desilusionado -En el Vaticano, en vez de hacerme retroceder en mi actitud, me empujaron, dijo, el entonces nuncio, Humberto Mozzoni, le pidió la renuncia.

Lo que hizo luego de pensarlo unos días.

Empero, su suspensión no implicó que perdiera su condición de obispo.

Nunca fue excomulgado ni -reducido al estado laical, con lo que hubiera perdido las exigencias del sacerdocio.  

Pero, sobre todo, no perdió su condición de luchador por la justicia.  

SR/

NOTA DE LA NAC&POP: Amigo de Helder Cámara, Luchador por los derechos Humanos, comenzando por los elementales derechos de los pobres, Jerónimo Podestá fue un compañero peronista y como tal lucho mas allá de su investidura como un militante de la vida, y parte de esa lucha y ese espíritu lo hizo optar por el amor de Clelia, antes que por las estructuras institucionales de la Iglesia, como eligió hacer Jesús, que pudo luchar por su pueblo y amar a Maria Magdalena sin hipocresías y sin encontrar contradicciones. MARTIN GARCIA / NAC&POP/ garciacmartin@gmail.com