CUMPLE DE DALMIRO SAENZ, UN PECADO NECESARIO

Fernandez-Gonzalez

Dalmiro Sáenz no existe. Si existiera, en verdad, nos encontraríamos con serios problemas porque sería capaz de tomarnos el pelo durante horas.

Un reportaje de 1982, al gran escritor peronista, que publicamos al celebrarse su cumpleaños 84. Hoy serian 89 en el 2015.
DALMIRO SAENZ, UN PECADO NECESARIO

Dalmiro Sáenz no existe.

Si existiera, en verdad, nos encontraríamos con serios problemas porque sería capaz de tomarnos el pelo durante horas, o de ironizar a los personajes “intocables” de nuestra realidad nacional, y así arrastrarnos a su mundo de locuras.

Por suerte al llamar a su puerta, nos atendió este buen señor dulce y simple, este impostor que dice ser aquél, el otro, el que no existe.

Por suerte, que si no…
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Por Fernández-González

                                                                                                                                                      RETRUCO

RETRUCO: La literatura se desarrolla en Ud. como una actividad aparentemente secundaria. ¿Cuál es el verdadero significado que le otorga?

DALMIRO SAENZ: Yo nunca me sentí un escritor, me sentí un tipo que escribe. Me veo muy distinto a los escritores normales, creo que el arte se nutre de la injusticia y de la queja. Pienso que el escritor es un traidor a su mundo y a su tiempo; es una persona que delata, que delata a su familia, a sus amigos, se queja de todo y está denunciando todo lo que ve, es un francotirador del disconformismo. 
R: Entonces, Ud. concibe a la literatura como un medio de presión social…
DS: Es un anticuerpo que genera la sociedad. En un mundo feliz, no existirían los escritores. 
R: Ud. dejó de hacer literatura por un lapso bastante prolongado. ¿Cómo se explica esto?
DS: Se me mojó la pólvora. El país fue demasiado ligero para mí en sus acontecimientos. 
R: Y ahora vuelve a escribir en una época donde es mucho más difícil expresarse… 
DS: Sí, es mucho más difícil, pero me vinieron las ganas. ¿Qué le voy a hacer?. No aguanté más. 
R: ¿Cómo fue recibido su último libro? 
DS: Bien, muy bien. Se agotó en un día en editorial. Ahora estoy queriendo escribir una novela para quejarme de todo. Yo creo que la Argentina está pasando por una crisis que no es sólo nuestra sino mundial. ¡Ha estallado la paz… se ha roto el equilibrio!. Es todo un sistema el que se está viniendo abajo, y en estos países se nota antes que en los otros. Creo que se acaba nuestro sistema económico, nuestra filosofía de vida. Habrá que inventar algo nuevo, ¿no? 
R: ¿Alguna vez tuvo que autocensurarse? 
DS: Nunca he tenido ese problema, lo que pasa es que siempre me han censurado. Porque lo que busca la censura es eso, que los autores se autocensuren. Es como las maniobras del gobierno, nos parece que es una cosa así, medio burda. Sin embargo, están muy bien pensadas para sembrar un pánico bien planificado.
R: ¿La autocensura es miedo? 
DS: Es miedo y es la fiaca de no tener problemas. 
R: Ud. fue, en una época, el escritor argentino de moda. En ese entonces sus lectores eran, en su mayoría, gente de clase alta. ¿A qué atribuye ese fenómeno?
DS: Yo considero que la clase alta es como una especie de enfermedad venérea, es una especie de tapón que tenemos los países latinoamericanos para ahorcar a la sociedad. Mi familia es de clase alta, así que yo he vivido mucho eso. Es un problema enorme que tiene la Argentina, porque aquí esta clase es muy viva, muy hábil, no es como la europea que está en decadencia. La nuestra permite la incorporación de la clase media y así siempre están en la pomada, están siempre en la cresta de la ola. Son muy seductores, muy inteligentes. No son ningunos boludos, están concientes de que tienen la manija y no quieren perderla.
R: Pero su intención es la de oponerse a esa clase?
DS: Sí, por supuesto, creo que es el primer enemigo de la Argentina.
R: Esa gente que usted quiere atacar es la que justamente compra sus libros.
DS: Por una cuestión de curiosidad. 
R: Es el mismo fenómeno de Jorge Asís con sus “Flores robadas…”
DS: Y… son los que practican el ocio, tienen guita, son los que pueden dedicarse a lar lectura. 
R: Son los que tienen la panza lo suficientemente llena como para darse esos lujos… Por otra parte, Dalmiro, a usted siempre se lo vio como a un escritor alejado del mundillo intelectual. ¿Eso se debe a una predisposición personal o a un rechazo del medio? 
DS: Soy lo que la gente llama un inculto. Nunca estudié nada, hice solamente hasta tercer año. Me molesta mucho el estudio. Es el despotismo ilustrado de nuestra época. Que a una persona se le obligue a aprender cosas de otro, me molesta mucho. Einstein tiene una frase muy linda, que dice: -Nunca gasto mi inteligencia en algo que puedo encontrar en un libro. ¿Por qué aprender de memoria una cosa que otro estudió por mí?. Yo quiero aprender cosas mías. Noto que los chicos son muy sabios en eso, a un alumno de un colegio nacional le preguntas quién fue Carlo Magno y no tiene la menor idea, a pesar de haberse sacado 10 en el examen. Pero, en cambio, no se olvida de andar en bicicleta, porque son cosas verdaderas de él. Lo que pasa es que el mundo de afuera lo obliga a aprender cosas a trompadas. Nuestro sistema entrena la memoria y no la creatividad. 
R: ¿Tiene contacto con otros escritores? 
DS: Sí, con algunos. Pero yo creo que el problema de los escritores es el de tener más cerebro que piel. Por ejemplo, en el peronismo hay cerebro, pero la esencia del peronismo es la piel. Mi defecto es anteponer el sentimiento al pensamiento.
R: Quizás en su caso el defecto sea justamente una virtud…
DS: Mira qué cosa interesante que decís. Las virtudes y defectos de las personas… es interesante para estudiar. A esta altura las tenemos totalmente codificadas.
R: En definitiva, nos hemos atrevido a codificar el bien y el mal. 
DS: Exacto.
R: ¿Cree que el boom “Jorge Asís” pudo beneficiar en algo la aparición de nuevos escritores, hasta ahora ignorados por las editoriales?
DS: Sí, puede ser. Me gusta mucho la literatura de Asís. Tiene mucha fuerza.
R: ¿Y la generación del ’70: Castillo, Hecker, Manzur…?
DS: Ah sí, formidable!
R: ¿Usted cree en las generaciones literarias?, porque es un tema muy polémico.

DS: Es un poco para ordenar, digamos. Somos maniáticos del orden. Hay una frase que dice: “la diferencia entre un hombre de izquierda y uno de derecha es que el primero cree que vive en un mundo injusto y su meta es la justicia, y el segundo considera que vive en un mundo desordenado y su meta es el orden”. El miedo al desorden es una característica de la burguesía. En mi último libro, en la contratapa dice que “nada se parece más a un fascista que un burgués asustado”. Yo creo que la característica de esta generación es el miedo. Eso se nota en las madres de hoy, que quieren que sus hijos estudien de todo, hagan yudo, practiquen deportes. Se desesperan porque tengan muchos conocimientos para defenderse en la vida.
R: Un miedo por cierto bien fundado. 
DS: Sí, claro, hay una psicosis a la que no pueden hacerle frente.
R: ¿Cree que la generación del ’70 es producto de la cultura peronista?
DS: Lo que pasa es que todos nosotros empezamos por ser antiperonistas. A mí, por ejemplo, nadie me ha golpeado tanto como el peronismo. Me dieron una vez una paliza espantosa. Nunca estuve tantas veces preso como con el peronismo. Eso me ha impulsado a estudiarlo en profundidad. 
R: Pareciera ser que todos estos escritores nuevos se caracterizan por su compromiso con la realidad, mientras que los de otras generaciones, como Bioy Casares, Silvina Ocampo, Jorge L. Borges, practicaron siempre la literatura irreal. 
DS: ¿Sabes lo que pasa? Yo creo que hay una equivocación en la definición de arte. Arte no es volar por los cielos de la fantasía sino todo lo contrario, es abandonar el vuelo de todos los días y poner los pies en el suelo; ahí estás creando, de lo contrario estás mariposeando. Ello no significa que no haya poesía. Poesía sólida, no el juego de las palabras por las palabras en sí mismas.
R: ¿Ha escrito poesía alguna vez?
DS: No, jamás. No pude. Me pasa igual que con la música. Admiro al que es capaz de atrapar un sonido y colocarlo en un papel.
R: ¿Cuáles son sus influencias literarias? 
DS: Yo leí tan poco… he aprendido mucho por contacto humano. Soy tan inculto… pero me gusta mucho la gente.
R: Bueno, eso es una bofetada a los dogmáticos intelectuales que se horrorizarían seguramente al escucharlo.  
DS: No, generalmente en el arte hay poca cultura.

R: Sí, pero se da que hay escritores realmente eruditos. 

DS: No creo que haya tantos: Borges, Láinez. Jorge Asís, por ejemplo, no es tan culto pero tiene en cambio una gran vitalidad.
R: ¿Qué opina del movimiento literario latinoamericano?
DS: Que es muy bueno. Tiene una valentía y una libertad para decir lo que quieren… y el cine tiene mucha polenta. Aunque te digo también que hay unas mujeres norteamericanas que no tienen miedo a nada y están escribiendo cosas interesantísimas.
R: ¿A qué se debe el nacimiento de sus libros humorísticos?
DS: Los tomo como una especie de descanso. 
R: Cuéntenos, por ejemplo, cómo nació -Yo también fui un espermatozoide. 
DS: Había terminado de escribir una novela larga y estaba agotado. Me puse a escribir jugando y me encontré con un editor, un chico joven que quería abrir una editorial y se lo di. Al poco tiempo lo vi manejando un Dodge muy paquete. ¡Había ganado una platada!
R: ¿Cómo ubica la cultura en el contexto socio-político de un país?
DS: La cultura para mí es la memoria de los pueblos. Una obra que está guardada en una caja fuerte, en un museo, en una biblioteca, no forma parte de la cultura de un país. Si no es popular no es cultura. La cultura debe estar guardada en la cabeza del pueblo. Yo tengo ahora una especie de geografía psicológica del mundo. Por ejemplo, ahora los militares han hecho una definición de victoria que me impresiona: “Vencer no es destruir al enemigo, ni invadir sus fronteras, sino convencerlo de que ha perdido”. Norteamérica nunca pudo convencer a los vietnamitas de que habían perdido. Claro, no tenían TV, radio ni otros medios como para vaciarles el bocho. 
R: Ud. no cree entonces en los escritores antipopulares.
DS: El que me engaña a veces es Borges, aunque él también es totalmente argentino. La Argentinita de él es chiquitita, pero existe, es real. Es lo que decía García Márquez de los dictadores latinoamericanos: “son auténticos”.
R: ¿Usted comparte la idolatría peronista por Marechal?
DS: Sí, por supuesto. Lo conocí mucho y lo quise mucho. Me parece un excelente escritor. Es muy hermético, muy difícil, pero un gran pensador. 
R: Usted, como intelectual y peronista, ¿cómo vive la actualidad nacional?
DS: Me duele mucho este país. (Dictadura del Proceso). Me desespera el desperdicio humano. El capital humano argentino es magnífico, tiene una fuerza tremenda. Claro que nuestra crisis se debe a que todos tiramos para nuestro lado. Todos somos brillantes, inteligentes, nadie tiene humildad. No somos como los europeos, que bajan la cabeza y tiran para adelante. Lo que ocurre es que nuestra corriente migratoria es muy grande. De los cinco hijos que trabajaban la tierra vino él más loco, el más audaz, el que tenía más pelotas. Son tipos duros, disconformes. Imaginate que no es fácil bancarse un país así.
R: Hablando de Europa… uno de los hechos más importantes del ’81 fue la asunción de Mitterrand… 
DS: ¡Qué cosas parecidas al peronismo dicen por ahí! Hay que ver la sabiduría del viejo. Lo que pasa es que Perón absorbía pensamientos de muchas corrientes. Hay una frase de él que me quedó mucho: “En el mundo se está, acabando la época del Homo Sapiens —el hombre que sabe— y del Homo Faber —el hombre que hace—, estamos entrando en la época del Homo Luder —el hombre que juega—”. El que juega mejor es el que gana. 
R: ¿Cuál es la idea que tiene sobre la personalidad del General Perón?
DS: Me parece formidable. He leído todos sus libros y vi la coherencia de sus ideas. Creo que era un hombre con una enorme capacidad de amor. 
R: Sin embargo, esa coherencia a la que usted se refiere es descalificada por los hechos concretos. El peronismo ha caído en contradicciones históricas.
DS: Yo creo que los conductores son los que han caído en contradicciones.  Lo que pasa es que nosotros vemos el problema muy chiquito. Quizás el anexo es muy contradictorio, pero el camino es mucho más largo.
R: Sí, pero usted dice que el peronismo le entró por la cabeza, es decir que lo racionalizó. Creo que eso lo debe apartar de lo aparente, para internarse así en las causas profundas.
DS: Yo creo más en los hechos que en las palabras. Si uno toma su ideología es muy coherente. 
R: ¿Pero cómo explica usted esta contradicción en los hechos?
DS: Por las dificultades del momento. Era un estratega, no se podía permitir el lujo de discutir todas las batallas.
R: Las Fuerzas Armadas siempre han ocupado una posición ideológica determinada. ¿Cómo entiende, dentro de ese contexto, el surgimiento de Perón y su ideología?
DS: Yo creo que las Fuerzas Armadas son muy auténticas, muy argentinas. No son macanas. La gente ha hecho un militar imaginario. El ejército está como todo el país, como el peronismo.
R: Se podría decir que el peronismo es, dentro de las FF.AA., el ala izquierda…
DS: Digamos la más populista. El poder nuclea toda esa mentalidad oligárquica, es la obra de un maestro.
 
R: ¿Ve correcto el ejercicio del Poder Ejecutivo por parte de las FF.AA.?

DS: Sí, sería negar una realidad. Hay que aguantarlas y oponérseles. Es una realidad innegable.  
R: ¿No choca un poco el hecho de que un grupo de fuerza nos gobierne?

DS: Mira, lo que decís es cierto. Por qué nos va a gobernar un grupo que no está hecho para eso. Hay muy pocos países en el mundo que no tienen ejército, y en esas naciones, policías y bomberos se hacen fuertes. Así que es lo mismo, es la ley del mundo. Negar esta realidad sería un error. Lo que debemos hacer es tomar al sector más populista dentro del esquema. 
R: ¿Qué opina del Almirante Massera? ¿Pertenece a ese sector?
DS: No tengo la menor idea. Eso sí, a mí no me interesa quemar a los tipos por lo que han hecho en una época de su vida. No me preocupa para nada que Massera haya formado parte de la Junta. Creo que tiene discursos brillantes.
R: Con Massera pareciera existir una especie de temor público.
DS: No pienso así. Creo que el pueblo es muy inteligente, se da cuenta enseguida, no se deja engañar.
R: ¿Qué opina del último gobierno peronista? 
DS: Lo considero críticamente un antigobierno. Era una situación muy difícil. Tenían gran peso sectores nacionales muy fuertes. 
R: ¿Apoya a la Multipartidaria?
DS: Hay una parte de esa idea que me parece correcta, la de unirse ante un enemigo común. Tengo mucho miedo, en cambio, a la cosa híbrida de hacer estos pactos para juntarse. Creo que en este momento es muy necesaria, que es muy fuerte el enemigo como para no unirse. Pero hay que tener cuidado más adelante. Le temo a las concesiones que se le hacen a la burguesía. El peronismo es una cosa demasiado potente y linda como para diluirse. El sistema tiene muchos medios para distraer la atención. 
R: ¿Considera que se puede manipular a la gente con los medios de comunicación?
DS: Sí, son fundamentales durante esta clase de guerra política.
R: ¿Aprobaría elecciones inmediatas? 
DS: Sí, por supuesto.
R: Bittel, hace algún tiempo, afirmó que era necesario un plazo para la democratización de los partidos…
DS: Bueno, eso es una cuestión de burocracia interna. Creo que si hubiera elecciones la gente sabría a quien votar.
R: En el peronismo hay una gran discusión con respecto a su cúpula…
DS: Es la lucha de siempre, pasa en todos lados, sindicatos, comités. Así es la Argentina, aguantémonos. 
R: En unos probables comicios, ¿en qué figura piensa para esa cúpula?
DS: No sé, sinceramente, no sé. Robledo podría ser, pero quién sabe. Y, en esas elecciones, ¿a quién votarías vos? 
R: ¿Quién?… ¿yo?
Reportaje: Fernández-González Fotos: Martín Slenenson ___

BIO


Dalmiro Antonio Sáenz
nació en Buenos Aires, capital de Argentina, en 1926. 

Tempranamente comenzó su actividad literaria, y publicó a los 30 años, luego de viajar en buque por la Patagonia varios temporadas (lugar donde se instalaría por casi 15 años y donde ocurren sus primeros libros de cuentos) “Setenta veces siete”, que ganó el prestigioso Premio de la Editorial Emecé y se convirtió en un best-seller, apoyado en una visión violenta, sexual y de sólidos preceptos y cuestionamientos morales sobre la religión, que se convertirían en el sello de Sáenz por varios años

Los críticos coinciden en señalar que un eje religioso atraviesa siempre las historias del autor, ya sea a través de uno de su personajes, o como en “Cristo de Pie” donde se ve su religiosidad en polémica con la religión del establishment, en contraposición con el diálogo individual que el personaje hace con Dios.

Tiempo después participó de la adaptación del guión para la pantalla grande de dos de sus historias de “Setenta veces siete” que se unieron para armar la trama de la película homónima que dirigió Leopoldo Torre Nilson (1962)

Luego de este comienzo Sáenz ganó el Premio del Magazine LIFE en español, en 1963, con su libro de cuentos “No”.

El mismo año ganó el Premio Argentores (Sociedad Argentina de Autores) con “Treinta, treinta”, un cuento planteado a la manera de los western americanos, pero situado en la Patagonia.

Al año siguiente publicó en la Editorial Emecé “El pecado necesario”, novela que luego adaptó para hacer el guión de su versión fílmica, retitulada como “Nadie oyó gritar a Cecilio Fuentes”, dirigida por Fernando Siro y ganadora de la Concha de Plata en el Festival Internacional de Cine de San Sebastian, España (1965).

Luego comenzó a escribir teatro y enseguida fue premiado con el Premio Casa de las Américas, en Cuba, en 1966 con “Hip Hip Ufa” luego publicado por la Editorial Emecé.

Luego también adaptado por el autor para el cine con el título de “Ufa con el sexo” y la dirección de Rodolfo Kuhn -1972-; y luego nuevamente vuelta a adaptar junto a Pablo Silva en la pieza teatral retitulada “Sexo, mentiras y dinero” (Bs As. 2002/3).

Sáenz entre libro y libro y según sus declaraciones, se tomaba vacaciones literarias, escribiendo pequeños libros de humor, que tuvieron mucho éxito.

Entre ellos, cabe destacar “Yo también fui un espermatozoide” en la Editorial Torres Agüero.

Luego comenzó una descripción intima y detallada del universo femenino, con una visión sorprendente y original, que se transformó velozmente en best-seller con el título de “Carta Abierta a mi futura ex -mujer” publicada por la Editorial Emecé en 1968, y reeditada varias veces, hasta la versión de 1999.

Sáenz es un autor que capta la esencia de la sensibilidad femenina, personajes a los cuales trata con especial ternura, dicen los especialistas.

Su siguiente obra teatral “Quién yo?” publicada en 1969, y reeditada por Gárgola Ediciones en 2004, fue representada casi sin interrupciones desde su publicación, convirtiéndose en un clásico del absurdo de la escena teatral argentina.

También trabajó como guionista cinematográfico, escribiendo varios títulos, entre ellos uno para el actor cómico Luis Sandrini, en el film “Kuma-ching” bajo la dirección de Daniel Tinayre.

Cuando sucedió la dictadura militar argentina –1976/1983- Sáenz recibe amenazas de muerte y debe abandonar el país, hacia el exilio, y luego de una recorrida se instala en Punta del Este, Uruguay.

No escribe durante ese periodo. Vuelve a las letras en 1983 con una novela histórica “El Argentinazo” y gana la Faja de Honor de la S.A.D.E. (Sociedad Argentina de Escritores) que luego se convertiría en una obra teatral, en la que trabaja en su adaptación con Sr. Francisco Javier, también director de la pieza, montada con su grupo Los Volatineros, en el teatro Nacional Cervantes en 1985.

Luego retoma las historias policiales, ya insinuadas en sus cuentos, con “Sobre sus párpados abiertos caminaba una mosca” una nouvelle de 1986, que también da origen a una nueva versión teatral de la misma, escrita por Sáenz y titulada “Las boludas”, que luego es llevada al cine, y “El sátiro de la carcajada” basada en hechos reales.

Luego se dedica a investigar, en asociación con el Dr. Alberto Cormillot, los manuscritos del mar Muerto y la figura de JesusCristo.

Viajan por Israel, Egipto, Nueva York, entrevistando personalidades referidas al tema, y todo desemboca en la publicación del libro “Cristo de pie” ( Editorial Planeta 1995 y 1998) Sáenz continua su particular, humana, erótica y poética visión de los caudillos argentinos con sus novelas históricas “La Patria equivocada” (Editorial Planeta, 1991), “Malón Blanco” ( Ed. Emecé 1995) y “Mis olvidos / O lo que no dijo el General Paz en sus memorias” (de 1998, Editorial Sudamericana).

Luego publica “Como ser escritor” (2004) con algunas fórmulas sobre como escribió sus mejores cuentos, y la novela “Pastor de murciélagos”  (Gárgola Ediciones, 2005)

Muchos de sus trabajos han sido traducidos y publicados en diferentes idiomas, y sus cuentos integran numerosas recopilaciones, entre ellas “Latin Blood” de Donald Yates (The best crimes and detective stories of South America/ Editorial Herder and Herder New York 1972); o “Los mejores relatos patagonicos” de Maria Correas y Cristian Aliaga, Editorial Ameghino Buenos Aires 1988, entre otros.

Actualmente vive en Buenos Aires, Argentina, en donde trabaja como escritor, coordina su taller literario y también hace comentarios culturales en programas de radio, además de escribir artículos en forma free-lance para los mas prestigiosos diarios y revistas.