El Gato Carbone mantenia una fe solo enmarcada por la experiencia de tantas derrotas y dolores de los cumpas y sus familias

VIVIR SIN EL GATO CARBONE

Por Martín García y Julio Fernandez BAraibar

Identificado con la Doctrina Social de la Iglesia, peronista hasta la medula, descendiente ideológico de Aparicio Saravia, Jose Gervasio de Artigas y Wilson Ferreira Aldunate, Alberto Carbone, el Gato, honro la memoria de Perón y Evita combatiendo con su pluma al lado de los descamisados, desposeídos, humildes, desesperanzados y de los compañeros, en general.

Alberto Carbone un hermano oriental, blanco, sanducero y peronista.

VIVIR SIN EL GATO CARBONE

“Ni sé cuando llegó a esta orilla, pero cuando lo hizo nos trajo a los porteños a Leandro Gómez y a Aparicio Saravia, nos trajo su desbordante facundia, su simpatía, su cara indiscutible de uruguayo, nos trajo recuerdos contados por los que vivieron aquella Fallujah del siglo XIX (-Heroica Paysandú,/Yo te saludo, le cantaba el Negro Gabino y la cantó en el cine Hugo del Carril), nos trajo el dialecto cantarino de la otra banda y un convencimiento inaudito de que él era tan argentino como nosotros. El Gato nos trajo la Banda Oriental histórica, la de los gauchos alzados, la del último hombre a caballo, como aquel que el otro día nos contaba Chávez” (Julio Fernandez Baraibar).

Por Martin García

NAC&POP

19/04/2008


Alberto Carbone, escritor de La Casualidad y el Ocaso, excelente libro que presentara junto al legendario Gallego Alvarez, al pintor Julio Collotti y al periodista Cacho Novoa, fue Director de la revista Linea y El Despertador donde escribiamos con Fermin Chavez, Osvaldo Guglielmino, Norberto Fernandez Gamarra, Daniel Barberis, Juan Carlos Novoa, Mario Casalla, Julio Cardoso, Felix Herrero, Jorge Götling, Emilio Petcoff, Claudio Negrete, Jorge Scalabrini Ortiz y Pedro Paz, entre otros nacionales y populares.

 El Gato, fue uno de las grandes plumas periodisticas que supo tener el diario Clarín, como la de sus inefables amigos, los periodistas y escritores Jorge Götling y Emilio Petcoff.

Con Alberto y Petcoff, (que me supo acompañar a la revista Feriado nacional), pudimos darle al tinto en la esquina suroeste del matutino, entre compadres santiagueños que batían guitarras y chacareras en la semiobscuridad del tugurio, ante el paseo de pibes que jugaban y chinitas que iban y venían de la pensión, cuando uno todavía pensaba que compartiendo el estaño con ellos se les iba a caer alguna de sus musas.

Ellos seguían dándole, mientras yo, completamente intoxicado, me tomaba un taxi hasta mi casa e iba acompañado, durante el trayecto, por verdaderos dragones, y otras alimañas indescriptibles.

Fundador de la agrupación Oesterheld junto con otros compañeros y compañeras queridos, compartió una de sus ultimas mesas de los sueños, cuando brindamos juntos, por el triunfo del Presidente venezolano Hugo Chavez sobre el golpe contrarrevolucionario de Carmona en el subsuelo de un recondito restaurante de Hotel de la calle Florida cuando disertaba el economista actual Embajador argentino en Francia, Eric Calcagno hijo y casi nos agarramos a piñas con el dueño, un tipo raro.

Identificado con la Doctrina Social de la Iglesia, peronista hasta la medula, descendiente ideologico de Aparicio Saravia, Jose Gervasio de Artigas y Wilson Ferreira Aldunate, Alberto Carbone, el Gato, honro la memoria de Peron y Evita combatiendo con su pluma al lado de los descamisados, desposeidos, humildes, desesperanzados y de los compañeros, en general.

El Gato mantenia una fe solo enmarcada por la experiencia de tantas derrotas y dolores de los cumpas y sus familias.

Una fe de mirada felina y gesto silencioso.

Por entonces todavía vivía Roberto y el El Bar de Roberto en Bulnes y Peron, era una de sus creaciones y descubrimientos.

Allí, disfrutando las empanadas freídas por su propio dueño, compartíamos el vino, el fernet o la cerveza de turno, con los vecinos y reos del lugar, donde florecían cantantes, poetas, como Alfredo Carlino y grupos de tango que hacían su arte ante chicos y chicas veinteañeros mezclados con dolapes, dogors, a la carmela y a la gomina.

Alli el Gato reinaba silenciosamente con su mirada achinada y su sonrisa esbozada, complaciente y feliz. 

Sus cumpleaños eran invadidos por murgas uruguayas que sorprendían el barrio y lo consagraban con sus trajes de luces, sus cantos contestatarios y sus acentos orientales en medio del caos.

Primavera, su amada mujer, firme como un roble y dulce como la felicidad compartida reinaba en esa casa bonita que supo lograr en sus últimos tiempos y sus hijas mujeres, hermosas, luchadoras, enamoradas del viejo, como corresponde, alborotaban con su femineidad, vuelta a vuelta, generando demasiada energía alrededor del Gato que miraba a los costados, murmuraba y se apoltronaba feliz.

Y el pibe, hijo ´e tigre.

Las generaciones venideras de machos peronistas y orientales que ya llegaron. El trasvasamiento.

A veces las casas son un ámbito apropiado, un hogar, para que corran chiquitos, se haga un fuego de leños y se reúna la familia para celebrar las fiestas, los amigos para compartir un asado, y los mas íntimos para escanciar un mate amargo.

 Otras veces la casa es un lugar donde caerse muerto, lo que tiene su magia y su merito ya que el Gato supo conseguir su lugar en el mundo desde donde partió con la satisfacción de haberlo logrado, dejando la casa paterna a las generaciones que lo suceden.

Amigo fiel, verdadero, compañero de utopías, amigazo, campechano, inteligente hasta perforar con el mínimo gesto de entendimiento, afectuoso y dulce, el Gato era uno de nuestros cumpas mas entrañables y uno de nuestros escritores y periodistas mas admirados.

Claudio Diaz, autor del libro “Manual del Antiperonismo argentino” que acababa de renunciar al diario Clarín por los “aprietes” del Grupo a raiz de unas declaraciones suyas a la revista VEINTITRES donde exponía su pensamiento respecto del comportamiento del cuasi monopolio en la crisis del campo, despachandose a gusto, seguramente no podría haberlo hecho con tanta naturalidad y dignidad si antes el Gato no hubiera hecho algo similar con el Gran Diario argentino.

Los últimos días se hicieron duros ya que su dormir cerrado impedía cualquier intercambio de abrazos.

Días antes, apenas después de mis vacaciones, lo entretuve dándole chácharas de política, mientras me miraba con los anteojos caídos, por encima del diario El País de Montevideo, que leía periódicamente y comentábamos el triunfo de Tabaré, que lo alegraba sin impedirle las razonables dudas que después se confirmaron.

Alli si, como tantas otras veces en nuestras vidas, pude despedirme de el con el afecto que le emanaba.

Nos apretamos las manos, y nos miramos a los ojos, diciéndonos todo.

– Te quiero compañero…

– Te quiero Gato.

Seria lindo tenerlo ahora al lado, para preguntarle que le parece esta realidad de masas sobre el gobierno por parte de los sectores del campo, lo del humo, lo de la operación mediática a través de los Simpson de “pegar” el nombre de “Perón” al de los “desaparecidos” en fin, hubiéramos tenido varios meses para discutir lo de Botnia y la tabicación de la cotidiana y pacifica relación entre nuestros pueblos, ¡Tantos temas que podríamos discutir con el Gato y que ahora no podemos hacerlo!

Aunque uno lo tiene “incorporado” al Gato, en realidad, solo hay que preguntárselo, en silencio, hacia adentro y el Gato desplegara sus bigotes, su pelo rubio “sucio” de campesino, y nos dirá socarronamente lo que piensa de estas cosas, como un Arturo Jauretche cualquiera.

A las diez de la mañana del 16 de abril de 2005 a los 66 años, falleció el querido compañero Alberto Gato Carbone, escritor y periodista nacido en la Banda Oriental del Uruguay.

 Se fué un combatiente, por eso celebramos su existencia, su paso por el campo de batalla.

Esta sentado en el Comando Celestial, junto a Bolivar y San Martin, Saravia y Peñaloza, Artigas y Wilson, Peron y Evita, Walsh y Jose Hernandez, Jauretche y Jose Luis Torres y sera homenajeado con los versos y cantos de Juan de Nava y Gabino Ezeiza, de Zitarrosa y Gardel.

El pueblo peronista, sabrá grabar su nombre en el carro de la victoria.

El Gato, una voz insustituible.

Una compañía que mejoraba la vida de uno.

Compañero oriental

Alberto Gato Carbone

¡¡¡ PRESENTE !!!

Tu nombre es venerado como Patriota del Río de la Plata

Como el de un inolvidable y valioso compañero de aventuras.

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