CUANDO SUSANA SILVESTRE ABRIÓ LAS ALAS.

Alberto Lapolla

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Susana Silvestre señalaba su inquebrantable compromiso con la literatura, el saber, el pensamiento crítico transformador y el compromiso del intelectual con el pueblo.

CUANDO SUSANA ABRIÓ LAS ALAS

Y NOS DEJÓ SOLOS.

                              

 Por Alberto J. Lapolla  

11-3-08

 

-A riesgo de parecer utópica , y nuevamente tonta, pretendo que no exista ninguna, pero absolutamente ninguna, preceptiva. Sea de izquierda, de derecha, producidas por las necesidades de la revolución o las del mercado. Tal vez el asunto sesolucionaría en parte si fuera posible recetarles a los militantes de izquierda unas cuantas sesiones de psicoanálisis, creo que todavía tienen salvación. En cambio soy un poco escéptica en dictar un curso de equidad para los agentes de bolsa y los gerentes de banco.  Hay otra dictadura que viene desde la cátedra universitaria, no menos perniciosa y autoritaria.  A ella le debemos: a-la muerte de las utopías. b- el fin de la historia c- la ruina de la representación d- El Facundo como obra cumbre de la literatura argentina. e-Macedonio Fernández  f- La anti narración. En estos últimos dos puntos voy a hacer aclaraciones. No tengo nada contra Macedonio, todo lo contrario, pero creo que es un fenómeno único y absolutamente inimitable. Tampoco tengo nada contra la anti narración excepto la pretensión de erigirlo como único modelo de literatura válida. No es la cátedra, no es el crítico quien pueda arrogarse el derecho de dictaminar cómo se debe escribir. Y yo pretendo que cada uno se haga cargo de su fantasía.Tampoco creo que haya formas agotadas. Hay, por supuesto, lenguajes y estructuras adocenados, pero no es lo que uno suele considerar buena literatura. Fuera de eso, el precepto de buscar maneras nuevas apriorísticamente, sólo es válido en la medida en que no sea un precepto.

 

Con estas palabras,pronunciadas en un Encuentro de Escritoras en Rosario, Susana Silvestre señalaba su inquebrantable compromiso con la literatura, el saber, el pensamiento crítico transformador y el compromiso del intelectual con el pueblo.

 

Principios a los que se entregó en cuerpo y alma, y que, finalmente le costaran su hermosa vida.

 

Fue Susana la que, -en un sentido parecido al que tomara Scalabrini luego del golpe de 1930- decidiera allá por 1994-95, cuando era ya una escritora consagrada -publicada por las editoriales más importantes del país, y habiendo ganado el Premio Municipal de Literatura-, que no cedería ante el poder mediático, aun al costo del silencio público a que la condenaría el hostigamiento del poder ideológico-cultural.

 

Fue así que asqueada por las terribles condiciones en que quedaba el mercado editorial durante esos años,prefirió ser fiel a la literatura y a sus convicciones, y no repetir la conducta hocicante de muchos intelectuales consagrados, que aceptaron sumisos el nuevo mandato de las editoriales y de los medios, aceptando -escribirlo que se  vende.

 

Contribuyendo así a vaciar de pensamiento el pensamiento, construyendo esta increíble Argentina neocolonialtinellizada-granhermanizada-sofovichizada-futbolizada, boludizada hasta el hartazgo.

 

Argentina, en la que las ideas huyeron en retirada, y el pensamiento crítico es perseguido con la misma ferocidad que en los años de la dictadura, sólo que mediante mecanismos más sutiles.

 

Mecanismos que llevan a los intelectuales fieles al pueblo, al ostracismo, a la soledad, a la pobreza, a la desestructuración síquica  y por último a la muerte.

 

Fue el camino de Deodoro, de Scalabrini, de Macedonio y de tantos otros.

 

El poder sabe de eso, hace siglos lo aplica a los rebeldes peligrosos.

 

Ante la disyuntiva de tener que prostituir su obra y su compromiso con la literatura, sumándose a escribir bazofias vendibles, o refritos continuos de obras anteriores, para cumplir el mandato del libro anual o el contrato anual como perpetran algunos, ella prefirió la soledad de su escritura, amontonando sus novelas, cuentos y relatos en los cajones de su escritorio, o entre los anaqueles mágicos de su hermosa casa-refugio.

 

Así como Scalabrini luego del golpe del  '30, decidiera 'suicidarse' abandonando la fama y el lugar que había ganado en la literatura argentina, para asumir el compromiso con la causa del pueblo y la nación, a los que sabía aherrojados en el dominio de la incuria del dinero, asumiendo que su vida sería de soledad, marginalidad y persecución para sostener sus ideas y su fiel combate por la verdad y desentrañamiento de las formas del coloniaje.

 

De la misma manera, Susana se refugió en los libros, la escritura y sus talleres, guiada por su deseo,  a sabiendas que sus obras con suerte serían publicados por editoriales menores.

 

Su pluma y su opinión eran contundentes y altamente calificadas.

 

Fue ella la que respodió con argumentos absolutamente actuales –y felizmente renovados en este nuevo tiempo americano que alumbraron las revoluciones Bolivariana y Boliviana- los argumentos liquidacionistas de quienes proclamaran allá por los terribles años'90 la muerte del marxismo, en una reedición criolla y colonial de Fukuyama.

 

Ideas por suerte hoy sepultadas por la rebelión popular de diciembre del 2001.

 

El -peor golpe a la globalización neoliberal en el mundo, que me hizo pensar que en algo me había equivocado, según expresara acertadamente el sabio nipo-yanqui, empleado por el Departamento de Estado.

 

Ese artículo de Susana en defensa del marxismo y el socialismo publicado por la revista Mascaró, tiene tal vigencia hoy -cuando el Socialismo vuelve con toda la potencia que los Suramericanos solemos imponerle a la historia cuando decidimos tomarla en nuestras manos- que  parece escrito ayer, a pesar que acumula más de dieciocho años en su haber.

 

La lucidez de sus argumentos,nos alumbra aun hoy con sus verdades relucientes y reverberadas sobre el cadáver argumental del neoliberalismo de derecha, de centro o de izquierda.

 

Sin embargo su lucha, contra lo que ella suponía, le permitió lograr un triunfo inesperado.

 

Su novela Mil y Una, obtuvo el Primer Premio de Literatura de Casa de las Américas, 2007.

 

El premio más deseado y respetado por los escritores de este continente mestizo, rebelde y desprolijo.

 

Aun cuando algunos prefieran el que entrega el señor Borbón.

 

Cuestión de gustos,pertenencia y apetencia por la realeza…

 

Aun recuerdo la mañana que me llamó desbordada, muy temprano, cosa inusual para dos escritores, impactada hasta las entrañas por la noticia del premio cubano.

 

¡Alberto!, ¡gané Casa de las Américas!!.

 

Su alegría no le permitía parar de llorar y a mi tampoco.

 

Era su revancha, añejada en años de soledad, ostracismo y lucha desigual.

 

Pero el poder no perdona a sus enemigos….

 

El premio, en lugar de permitirle dar un salto hacia una vida mejor, la empujó a la muerte.

 

Su sensibilidad de pájaro, casi absoluta, le tendió una trampa.

 

Al final a muchos de nosotros, la ingenuidad nos mata.

 

Claro no se puede amar al pueblo y a la especie sin una alta dosis de ingenuidad, de la cual por suerte Susana poseía grandes cantidades.

 

Casi tanta como su amor por la libertad, propia y ajena.

 

Era su revancha, pero el poder mediático le hizo saber que no le perdonaría su desafío, su rebelión contra las normas sacrosantas del mercado y del respeto al dueño del dinero.

 

Ni un solo reportaje, ni un solo medio nacional habló de su premio.

 

El vacío de sus compañeros y amigos fue aun mayor.

 

¡Oh!!, la brutal envidia y el narcisismo sin par de nosotros los escritores…

 

¡Que terrible!

 

Desterrarte, condenarte al exilio, y que encima te premien.

 

Y que te premie Casa de las Américas, fue insoportable para muchos de sus colegas del campo popular y de las izquierdas.

 

El mayor premio americano para los intelectuales del pueblo.

 

Nadie la llamó. Nadie la reporteó… Eso la mató.

 

En enero le dieron el premio.

 

En la segunda mitad del año,luego de señalar reiteradamente -que no podía creer en tanta ferocidadcontra de ella, el cáncer la tomó por asalto.

 

No la mató el cáncer contra el que luchaba dignamente y al que parecía estar venciendo.

 

No, la mató la indiferencia,el vacío absoluto que los medios, y muchos de sus colegas, hicieron a su premio, que enaltecía  a las letras argentinas.

 

Sus entrañas se desgarraron por el dolor, y comenzó a expresar que no quería seguir viviendo.

 

Fue ignorada brutal y planificadamente por el aparato ideológico-cultural del imperio y sus lacayos locales.

 

Eso la mató, Me señalaba–asemejando un parecido a lo expresado por los compañeros que debieron soportarla tortura en los campos de exterminio- que hubiera preferido que la ignoraran,que no le dieran el premio, pues al ganar el Premio de Casa, pensó que obtenía una revancha y una recompensa por tantos años de exilio y  destierro de las luminarias -que tanto alientan a los artistas.

 

Eso la aflojó, y fue fatal.

 

Ganó el premio, se lo pagaron y le publicaron la obra en La habana, pero el vacío recibido fue más fuerte que la coraza con que se había revestido todos los años de su resistencia.

 

Se aflojó y no pudo soportar el castigo inexorable que el poder otorga a los indómitos, a los que no aceptan las reglas del adocenamiento.

 

Eso la llevó a la muerte, el haber sido ignorada hasta el final, la sumió en un  profundo deseo de muerte, de batalla perdida contra el poder.

 

Al igual que a Scalabrini o a Deodoro el poder los mató sin disparar, pero con una implacabilidad atroz.

 

Como un ser alado, finalmente Susana decidió partir yéndose por el aire.

 

Una artista del pueblo

 

Pasé junto a ella hermosas horas, seguramente ya irrecuperables.

 

Nuestras noches y días de,opera, blues, historia, marxismo, teoría y placer, los reflejó en muchos de sus relatos, cuentos y novelas, que me leía o relataba mientras escribía.

 

-Todos amamos el lenguaje del pueblo, surgió luego de una feroz pelea, que empezó con Neruda y terminó estampándome que -tu amor por el pueblo es absoluto e irracional, ese pueblo votó por M… .

 

Después de un buen tiempo de no vernos, me entregó en papel un cuento con ese título, donde de alguna manera hacía las paces con su padre, acumulador de oficios populares, rescatando su origen popular en San Justo.

 

Susana fue una de las pocas escritoras famosas que, -al igual que Vicente Zito Lema, desconozco si algún otro-, escribiera una obra literaria a favor de los piqueteros.

 

Escribió un relato titulado, -No quiero que mi hijo sea piquetero, según había escuchado decir a una escandalizada dama porteña por la radio en pleno apogeo popular de2002.

 

Para escribirlo, no le alcanzaba lo que yo le contaba por entonces de mi militancia diaria junto a los pobres, sino que no trepidó en asistir al II Congreso Piquetero, realizado en la Matanza –su lugar- y allí construyó su relato.

 

Durante la rebelión popular de diciembre de 2001, recorríamos en mi camioneta las Asambleas Populares, los barrios de Abasto y Almagro -donde ambos vivíamos- prácticamente tomados por el pueblo con fogatas y rumor de multitud en todas las esquinas y con la policía escondida…

 

Recorríamos Constitución,Once, Retiro, hablábamos con los niños y familias que vivían  en la calle y que recibían la comida de las iglesias.

 

Allí ella era increíblemente feliz –al igual que yo- recorriendo las entrañas del pueblo acompañando a nuestro maravilloso pueblo en una de sus horas más trágicas y dignas.

 

Mientras algunos escritores muy consagrados y mediáticos, clamaban por esos días en la TV indignados:  

 

¡No puede ser, parece que de lo único que se puede hablar y escribir ahora es sobre la pobreza!

 

¿Dónde queda la literatura?', mostrando que, el nefasto concepto de civilización y barbarie parece seguir parasitando la mente de muchos intelectuales argentinos, sobre todo luego del brutal disciplinamiento dictatorial.

 

¿De qué otra cosa se podía escribir en la Argentina de 2001-2002 e incluso hoy?

 

¿No es un escándalo inexplicable e intolerable el hambre de nuestro pueblo y de nuestros niños, en un país que produce alimentos para 300 millones de personas?

 

Por supuesto, también se puede escribir de lo que cada uno desea, pero lo que no se puede hacer es ignorar el hambre y la miseria que acosan a la mayoría y el compromiso del intelectual con su pueblo.

 

Eso en tanto exista un intelectual y no sólo vende-libros o vende-revistas.

 

Mientras los adocenados del poder expresaban tamaña infamia, Susana recorría las asambleas populares, los Congresos Piqueteros, las colas de los hambrientos esperando comida en los arrabales más duros de la ciudad para estar con el pueblo y nutrirse de él.

 

Esa era ella, y esa es nuestra pérdida.

 

La cultura nacional ha sufrido una pérdida irreparable, está de gran luto, ha perdido a una de sus intelectuales más lúcidas, comprometidas y de alma más hermosa.

 

Algo horrible nos pasa como nación, como sociedad, cuando los mejores se van y no hacemos nada por impedirlo, cuando la muerte golpea tanto a nuestra gente y todos miran para otro lado haciéndose los distraídos.

 

El poder nos ha volteado otra paloma.

 

Es verdad que Vincent Van Gogh señaló que -Finalmente, sólo podemos hacer hablar a nuestras obras', pero creo que Susana habría preferido –de haber podido- como Woody Allen: -no me interesa trascender con mi obra yo quiero quedarme acá en mi departamento.

 

Habría preferido quedarse en su refugio, con sus miles de libros, su gato, sus miles de CD, sus plantas, su hija y sus nietos, y su continua lucha contra la muerte que la acechaba una y otra vez…

 

Susana Silvestre Premio Municipal de Literatura, Premio Internacional de Literatura Erótica, Primer Premio Casa de las Américas 2007, se quitó la vida el domingo 2 de marzo de 2008… No puedo decir más nada….

 

S: -Como se habrán dado cuenta, soy escritora, aunque no precisamente de best-seller; en consecuencia,poseo una casa modesta pero con terraza, no tengo auto pero sí una cuantiosa biblioteca, una no despreciable disponibilidad de CD, las plantas suficientes como para formar un pequeño bosque y que un colibrí me visite todos los veranos, soy dueña de un gato siamés y de muchas películas.

 

Ultimamente he incorporado a mi patrimonio una bicicleta que guardo en el garage de enfrente. Con ella he conseguido satisfacer las demandas de actividad física solicitadas por mi médico, además de recuperar aquellos tiempos de mi infancia en San Justo,cuando la bicicleta era como una prolongación de mi cuerpo.