Luego de la caída de Perón se sumó a la Resistencia Peronista. Dos de sus hijos cayeron luchando por la patria socialista.

COMPAÑERO GOYO LEVENSON Y LOS PIBES ¡ PRESENTE!

Roberto Baschetti

Gregorio “Goyo” Levenson. Goyito para los amigos. Una enciclopedia ilustrada de las luchas populares en Argentina. Quiero recomendarles a los compañeros su libro, ese que escribió en el 2000, que se llama “De los bolcheviques a la gesta montonera” verdaderas memorias de nuestro siglo XX y ese otro anterior (1998) en colaboración con Ernesto Jauretche, titulado “Héroes”.

 Por Roberto Baschetti.

Para el Descamisado

El 19 de mayo de 2004 se nos fue el Goyo. Gregorio “Goyo” Levenson. Goyito para los amigos. 93 años de vida que bien pueden ser una enciclopedia ilustrada de las luchas populares en Argentina.

 De jovencito y luego de un paso por el anarquismo, militó en el Partido Comunista y cuando éste se alió con el embajador de los Estados Unidos en nuestro país y con los oligarcas y conservadores, no lo dudó un instante y en 1945 pasó a engrosar las filas del naciente peronismo conjuntamente con Eduardo Astesano y Rodolfo Puiggrós entre otros.

 Conoció a Perón y Evita.

 Participó en la redacción de la importantísima Ley de Minería de 1949 que reivindicaba para la Nación las riquezas naturales de nuestro suelo, que hasta el momento se apropiaban descaradamente los consorcios extranjeros.

 Luego de la caída de Perón se sumó a la Resistencia Peronista.

 Pero será a partir de principios de la década del 70 cuando su apellido comenzará a trascender de diferentes maneras.

 Conjuntamente con sus hijos fue partícipe de la creación de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (F.A.R.), organización de la izquierda revolucionaria que adscribiría al peronismo combativo y años más tarde se fusionaría con Montoneros.

 Dos de sus hijos cayeron luchando por la patria socialista.

 Miguel Alejo con 33 años falleció el 19 de diciembre de 1970 producto de un infarto, luego de un frustrado operativo de las F.A.R. Bernardo –su otro hijo- cae en combate durante la dictadura militar de Videla al defender una central de comunicaciones de Montoneros en Capital Federal (Barrio de Almagro, calle Yatay n° 707) que servía para interferir con éxito la red policial.

Con Bernardo caen también combatiendo dos aguerridos cuadros de la organización: María Garzón Maceda y Jorge Casoy.

En 1977 un grupo de tareas de la E.S.M.A. secuestra y luego arroja al mar a su querida esposa Elsa “Lola” Rabinovich.

En esa acción le roban a su nieto Alejito, que Goyo con astucia y paciencia sin par logrará recuperar mucho tiempo después.

Como podrán apreciar a través de mi relato no se puede decir que la vida le sonrió a Goyito, muy por el contrario.

Sin embargo, él siempre estuvo dispuesto para participar, ayudar, aguantar, acompañar con fe inquebrantable y muchas veces inclusive, con una sonrisa a flor de labios.

Se reivindicó como Montonero hasta el fin de sus días y al servicio de esa causa del nacionalismo popular revolucionario participó de varias acciones.

Ser su amigo y quererlo como si fuera mi abuelo, compartiendo sobremesas interminables, me permitió saber sobre algunas de aquellas anécdotas –arriesgadas, risueñas, emocionantes- que hoy quiero compartir con ustedes.

1 – Primeros meses del gobierno de facto del genocida Videla.

El terror se apropia de todos los rincones de nuestro país.

La represión salvaje actúa aceleradamente.

Una casa operativa de la organización Montoneros es ocupada por los milicos. Está vacía.

Se instalan en los alrededores y adentro de la misma, emboscados, para caer sobre los moradores cuando aparezcan; estos, advertidos por los vecinos solidarios se esfuman.

¿Solucionado el problema?

A medias….Ocurre que en uno de los muebles de la casa, oculta, en un “embute”, hay una suma importante de dinero de la “orga” prevista para logística e infraestructura.

Los compañeros respiran profundo al no haber caído en la ratonera y dan por perdida la plata. Pero –tozudo como siempre fue- Goyito Levenson piensa recuperarla.

A través de un trabajo de inteligencia que monta él solo, descubre que todo el mobiliario de la casa pasa a ser “botín de guerra” de los represores, que es cargado en un camión del Ejército y que particularmente, el mueble en cuestión (el del “embute” con el dinero), termina en una fastuosa casa de remates de doble apellido, en la zona pituca de Barrio Norte.

Y por supuesto el día del remate está presente como un solo hombre.

Comienza la subasta y además de él por razones obvias, hay también interesada una mujer elegante que frecuenta esos lugares, buscando oportunidades que luego revende en su casa de antiguedades.

Así es como el mueble triplica inseperadamente su valor y cada vez que la mujer –ya por capricho- mejora la suma, el brazo de Goyito como un resorte se levanta para superar la misma.

Y al final, lógico, le gana a la señora por desmesura y por cansancio, y ella, ofuscada y malhumorada interpela públicamente al martillero, acusándolo de cómplice, al poner un “grupín” (el Goyo) para aumentar artificialmente el precio de un objeto.

Por lo que se armó un tole-tole de aquellos entre el rematador que defendía su buen nombre y honor y la señora, en tanto Goyito se hacía del mueble y con un flete se lo llevaba a “territorio liberado”.

Ni que decir acerca de la cara del compañero responsable de la guita, que ya daba por perdida, cuando nuestro querido Viejo (ya andaba por los 60 y pico en aquellos años) se le apareció y le devolvió hasta el último mango recuperado.

2 – Para la misma época

La organización acostumbraba a guardar en depósitos tipo guarda-muebles diversos elementos con el fin de preservarlos hasta que se debían usar.

Levenson está a cargo de una partida de esas, que se guarda en el barrio de Villa Crespo.

Tiene cierta relación amistosa con el dueño, un señor de su edad, con el cual comparten la pasión por la música, pero no mucho más.

Cierta vez Goyito debe ir al depósito para retirar algo y le llama la atención que el dueño del lugar esté flanqueado por tres tipos con overol, uno que mueve cajas y dos que toman mate.

Al entrar nomás y desde lejos el dueño en voz alta, como para que se escuche y no se acerque, le dice: “¡¡Don Vicente…Otra vez por acá… ya le dije que cuando lleguen los juguetes yo le aviso…!! Vaya tranquilo….” y Goyo entendió al instante que lo estaban esperando y que los tres de overol eran canas o milicos que aguardaban al joven que iba a retirar los bultos para “chupárselo”.  

Nunca pensaron que un sexagenario era la persona que buscaban y el hombre del lugar con su oportuna advertencia lo había salvado.

3 – España. Madrid.

Los exiliados argentinos en masa a través de sus agrupaciones se entrevistan con el gobierno español para agradecer la hospitalidad demostrada por los ibéricos y tratar el tema de los desaparecidos.

Están presentes los reyes de España y entre los argentinos se decide que quien debe hablar públicamente es Goyo Levenson –debido a su edad, una especie de decano- en nombre de todos.

Pues bien, allí va Goyito, atrás suyo sus compañeros; adelante los reyes. Goyito se larga a hablar: “ Querido reyes católicos….” Cara de estupor de los monarcas, murmullos de los argentinos. Rápido de reflejos, Goyo dice : “Si, si….bien digo…Querido reyes católicos… porque me imagino que ustedes serán católicos ¿no?…” y siguió como si nada con su discurso ante las carcajadas de todos los presentes.

Así era Goyito: único, irrepetible, auténtico. Hombre de bien. Solidario y Justo. Querible. Revolucionario y sensible.

Quizá un anticipo de ese Hombre Nuevo que se preanunciaba a fines de los 60.

También humoristico y reflexivo a la vez, solía contarme entre risas, que una vez en Roma debió compartir la habitación de un hotel con motivo del lanzamiento del Movimiento Peronista Montonero con otro de nuestros “bronces”, el compañero Oscar Bidegain quien le dijo: “Mirá lo que son la vueltas de la vida, Goyo. En la década del 40 vos eras judío y del P.C y yo católico y un cuadro del nacionalismo de derecha: ambos estabamos enfrentados a muerte. Hoy 30 años después compartimos el mismo techo en pos de un sueño de liberación nacional, popular y revolucionario”.

Me contó que se fundieron en un abrazo.

Querido Goyito.

Te dejo en paz, esa paz que tanto merecés.

Quiero recomendarles a los compañeros tu libro, ese que escribiste en el 2000, que se llama De los bolcheviques a la gesta montonera verdaderas memorias de nuestro siglo XX y ese otro anterior (1998) en colaboración con Ernesto Jauretche, titulado Héroes.

Historias de la argentina revolucionaria donde rendías reconocimiento y admiración a tantos compañeros que dieron la vida por la Causa.

De ser justos, el mismo de ahora en más, debería tener una addenda, un agregado, un nuevo capítulo, ese que habla de tu vida sin par y de tu entrega sin límites. ¡Hasta la victoria siempre, compañero…!

Hasta que se haga realidad esa Patria Justa, Libre y Soberana a la que has dedicado gran parte de tu larga vida.

RB/

GREGORIO GOYO LEVENSON y LOS CHICOS DE LA CALLE

Esta entrevista fue realizada en su momento, en conjunto con el editor Carlos Gabaldón.

Por Elena Luz González Bazán

2003

-¿Cuándo empieza a trabajar con los chicos de la calle?

Con los chicos de la calle comencé a trabajar en Costa Rica, en un Organismo Internacional que se dedicaba a la atención de los refugiados que había en Centro América y me especialicé a atender a los chicos marginados.

Allí empecé a tener relación con este tema por el ’80 más o menos y luego trabajé en varios países de la región contratado por UNICEF y por la Organización de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.

-¿Cuándo volvió a Argentina y cuándo comienza a trabajar acá?

En 1984 vuelvo y todavía contratado por Naciones Unidas para problemas de reinserción de los argentinos que estaban en el exilio pero me dedico más especialmente a los chicos de la calle junto con un grupo de compañeros formamos un grupo y organizamos una experiencia concreta en el gobierno de Alfonsín.

En el Intendencia de Suarez Lastra presentamos un proyecto para hacer un hogar escuela para los chicos de la calle.

Esto fue aceptado, armamos este proyecto en Barrio Norte, donde en aquel momento había un asilo y llegamos a tener 100 chicos.

Reciclamos el lugar, hicimos un Centro Educativo y de Asistencia Económica y Social a chicos de la calle marginados, trabajamos con chicos de la Plaza Once, Constitución, Retiro, Liniers, etc. y armamos un programa cuyo eje era la recuperación de los chicos por el trabajo y el estudio.

Estuvimos trabajando casi un año.

-¿Eso continuó?

Como siempre ocurre en nuestro país, son lacras que tiene el país, estos programas giran sobre las bases políticas de los gobiernos de turno, en aquel momento los radicales perdieron el gobierno y entonces se deshizo el proyecto.

-¿Cómo era el asilo que se recicló?

Sí, ese era un local que pertenecía en épocas de la dictadura al gobierno de la ciudad, pero era un asilo de marginados, venía de antes dependía de una asociación fundada por Rivadavia en mil ochocientos y pico…

Era un depósito de chicos.

-¿Cómo hacían para conectarse con los chicos?

Nosotros partimos de la base de un proyecto cuyo primer objetivo es la desarticulación de los institutos, sostenemos que los institutos no sólo no resuelven sino que agravan el problema.

Nosotros planteamos la formación de hogares que saquen al chico de la calle, que no solo sea benefactor para el chico, sino abrir una perspectiva de transformación social este es nuestro objetivo central que divergen con los otros proyectos no gubernamentales, ni que hablar de los oficiales.

El centro de la política social de todos los gobiernos, acentúa su preeminencia en los institutos, que son cárceles de chicos que deforman y generan futuros delincuentes.

Nuestro objetivo es sobre la base del estudio, del trabajo, de la generación de oficios, integrar a los chicos en un proyecto que le permita una independencia para su futuro.

Por eso en esa experiencia del ’85 no era un hogar integral, sino un complejo educativo, cultural y social donde los chicos entraban a las 8 de la mañana, desayunaban, después participaban de las distintas actividades escolares, resolvíamos el problema de la documentación, de su integración con la familia y teníamos cinco talleres de formación.

Allí se iba generando un oficio.

Por supuesto que no podemos hablar de grandes cosas porque duró un año y pico.

Como siempre ocurren las cosas las hacen a plazos políticos no sociales ni necesarios.

-¿Cómo seguía la jornada en el hogar escuela?

Luego de comenzar la jornada, almorzábamos allí, se descansaba y luego se seguía con las actividades incluso las deportivas, hasta las seis de la tarde.

Se bañaban, se lavaban la ropa en un lavadero que teníamos y a las 20 horas terminaba la gestión.

No dormían allí, justamente la idea era conseguir afuera donde dormir, el proyecto era integrarlos con la familia, cosa que era muy difícil, o conseguir algunos otras cosas que fueran exclusivamente dormitorios.

¿Volvían los chicos regularmente?

Sí, volvían regularmente.

-¿Los chicos iban al colegio?

Nosotros mandábamos a los chicos al colegio, el proyecto era que terminaran la primaria, algunos terminaron la secundaria e incluso algunos de los nuestros fueron a la universidad.

En el tema recursos.. ¿cómo les fue con las empresas particulares?

El problema es así, cuando hay una política de estado seria y una ética y una moral hay privados que participarían pero sin esa tendencia la gente no tiene confianza donde va el aporte.

En ese proyecto anterior conseguimos que el gobierno belga nos instale un taller mecánico, otra empresa nos regaló un auto para que los chicos trabajen.

–¿Y eso en qué quedó?

Y después eso se perdió, quedó solo un grupo pequeño que se llama COPA que trabaja en Flores Sud.

– ¿Cuándo regresó al país?

Año ’84 vuelvo a la Argentina, sigo contratado por las Naciones Unidas para la reinserción de los argentinos que estaban en el exilio, pero me dedico más específicamente al tema de los chicos de la calle.

Hacemos con un grupo de compañeros organizados una experiencia concreta durante la intendencia de Suarez Lastra en la ciudad, presentamos un proyecto para hacer un hogar escuela para los chicos de la calle que fue aceptada y llegamos a tener 100 chicos.

–¿Eso continuó?

Luego, como siempre ocurre en nuestro país, esa es una lacra que tenemos, estos programas siempre giran sobre la base de los intereses políticos de los gobiernos de turno.

En su momento los radicales perdieron el gobierno y entonces se deshizo el proyecto en la Capital Federal.

–¿Cómo hacían para conectarse con los chicos?

Nosotros teníamos un proyecto y partimos de esa base.

Un proyecto más integral, nosotros como primer objetivo planteamos la desarticulación de los institutos.

Sostenemos que los institutos no sólo no resuelven sino que agrava los problemas y nuestro principio se sigue acentuando en la formación de hogares que saquen al chico de la calle, que no sean sólo benefactores del chico, sino que sea con una perspectiva de transformación social.

Ese es el objetivo central nuestro que divergen con los otros proyectos.

Todos parten del eje de los institutos, que son cárceles de chicos, que no sólo no resuelven, sino que deforman y generan futuras delincuentes.

Nuestro objetivo es precisamente generar sobre la base del estudio, el trabajo, la formación de oficios, generar algo en los chicos que les permita una salida.

Lo que seguimos sosteniendo es que debe ser una estructura educativa, cultural y social donde los chicos entraban a las 8 de la mañana, desayunaban, después participaban de las distintas actividades, inclusive las deportivas hasta las 18 horas.

-¿Cómo concluía el día?

Ah! Si, teníamos un lavadero para que los chicos se lavaran la ropa y a las 20 se terminaba.

No dormían en la casa, sencillamente para no darle un carácter institucional.

La idea era conseguir afuera donde pudieran dormir.

También el objetivo era integrarlos con la familia para que no anden en la calle.

Eso era difícil lograrlo. Pero los chicos volvían regularmente.

–¿Cómo hacían para lograr que los chicos se acercaran?

Para recogerlos comenzaba con la estructura del operador de calle, ese es el primer eslabón, aventajado estudiante de psicología, sociología, ciencias sociales pero con principios científicos para poder tratar a los chicos.

Nosotros creamos la escuela de operadores donde se hacían cursos para esa tarea.

Luego operaban en las distintas ranchadas.

Primero había que ser una ayuda para ellos, ganarse la confianza, una vez resuelto esto los invitaban a los chicos a venir, entonces comenzábamos a hacer una política de persuasión.

Más del 90 por ciento se integraban. Llegamos a tener 100 chicos desde 6 a 18 años.

Comenzábamos por resolver los problemas más elementales: desayuno, almuerzo y cena, lavar la ropa y hacer deportes.

–¿Tienen proyectos presentados?

Si innumerables, pero como decía antes aquí los proyectos responden a las necesidades de los tiempos políticos y no a los problemas sociales, entonces por lo general no hay respuesta.

Hemos presentado al Senado para una granja en Florencio Varela, pero cada vez que se cambia la dirección política se terminan los proyectos.

Hemos hecho un hogar en Misiones, en San Ignacio, trabajamos en Entre Ríos con el gobernador de esa provincia. Asesoramos en Chubut, La Pampa, Chaco, Mendoza.

Ahora básicamente trabajamos en asesoramiento.

–¿Cuál es el porcentaje de chicas y chicos?

La mayoría son varones, si es que se puede cuantificar podemos decir un 90 por ciento contra un 10 por ciento, si es que las hay.

–¿Por qué abandonan sus casas, cuáles son las problemáticas?

Este es un problema social profundo, por la gran crisis económica que atraviesa la familia (es así en todos los países) hay hogares que lo soportan.

Pero esas crisis son acompañadas por taras terribles: alcoholismo, droga, robo, violencia, delito.

El 80 por ciento de los casos es porque los padres no tienen ocupación.

Por ejemplo en Florencio Varela, donde hay unos chicos en la calle, la madre sale a trabajar.

Deja a los más chiquitos con los más grandes, así van a la calle y parece que hay un periplo marcado cuando llegan a la estación de tren, allí las madres dicen que ya no tienen retorno, cuando toman el tren que se va a la gran ciudad para conseguir unas monedas más.

Donde comienzan a pelear contra las violaciones, la policía por la subsistencia

–¿Cómo es el proyecto?

Es un proyecto disciplinado, no autoritario. Formación general como los padres.

En nuestro proyecto tienen que terminar la primaria.

Algunos de los nuestros terminaron la secundaria y algunos fueron a la universidad.

No es una cuestión voluntarista, deben haber recursos para una política de Estado, tiene que haber una contención ideológica.

Nuestra fórmula era hacer de cada chico de la calle un militante de la vida.

–Esta es una política que expulsa

A pesar de esta política que expulsa, ya lo hizo con los padres a la marginación, desde el punto de vista técnico se pueden hacer algunas cosas por los chicos. (Nos habla sobre el libro Banderas sobre las Torres y sobre lo que dice Macarenko).

No se trata de darle de comer, se trata de hacer un chico nuevo.

En Minoridad y Familia se ha robado mucha plata…

–¿Y con empresas particulares?

El tema es así cuando hay una tendencia hacia una política ética y moral se enganchan cosas importantes, pero la gente tiene que tener confianza que ese aporte va a jugar el rol al cual es destinado, entonces generas confianza.

Mirá en este proyecto conseguimos empresas y gobiernos.

Los belgas nos instalaron un taller mecánico.

Otra empresa regaló un auto para ese taller.

–¿Y eso en que quedó?

Ah! Bueno, se perdieron las cosas cuando terminó el proyecto, siempre es igual, esto es lo que resta seriedad para que los particulares y los gobiernos internacionales puedan seguir aportando.

–¿Cómo se manifiestan los chicos, como sienten el rechazo de la sociedad?

Con odio, con bronca, escépticos, no creyéndole a nadie.

Se sienten no sólo rechazados, violentados.

Son víctimas predilectas de los policías.

Vos a los pibes les hablás de los derechos del niño y les resbala, porque en la vida cotidiana eso no ocurre, les patean de todos lados.

No les podés pedir a ellos una defensa ideológica, ni cultural, entonces ellos mismos se transforman en violentos contra los más chicos; en violadores ya que ellos son violados.

Todos los chicos que entran a un instituto son violados.

Esa es una cada muy jodida.

Después saltan a la droga.

Se hacen muy despiertos, buscan la ventaja, salen a la calle a buscar comida todos los días.

Comienzan con el pegamento que ellos mismos dicen le quita el hambre, después siguen con las más duras.

Eso es porque el medio los lleva a esa situación y no hay políticas para resolverlo.

Ahora, hay otro flagelo que es el SIDA, todos los pibes están expuestos al SIDA.

Debe haber un alto porcentaje de chicos con SIDA.

¿Qué hay que hacer con los institutos?

Hay que cerrar todos los institutos.

Uniformar toda la política social de menores en una sola línea.

Ahora hay por lo menos diez líneas de trabajo distintas, desde los comedores hasta hogares y todos luchan por la subsistencia cotidiana.

¿Y las políticas sociales, hacia dónde van? Somos críticos de toda la política.

Nos encontramos por ejemplo que el Consejo del Menor y la Familia siempre fue un foco de perversión y degradación de los chicos, tanto por los principios por los que se rige, como por los funcionarios que han estado y estado al frente.

¿Entonces, no hay decisión política para resolver esto?

No hay decisión política para la recuperación de los chicos por el trabajo, el estudio y la integración con las familias. Cualquier estructura tiene que ajustarse sobre la base de una disciplina, tiene que cumplir una cierta obligación.

La calle da una libertad descontrolada, eso los tienta a los chicos.

Hasta que no haya una política de estado esto es difícil de resolver.

Todos los cargos siguen siendo cubiertos por intereses políticos y no por necesidades sociales.

EB/

N&P: El Correo-e del autor es Roberto Baschetti <robertobaschetti@yahoo.com.ar

NOTA DE LA NAC&POP: El Goyo Levenson fué disertante y un asiduo comensal de la Agrupación Oesteheld. Inauguramos un poster suyo “en vida” como un homenaje. ese póster convivió con él, durante muchos años, a pesar de lo avanzado de su edad, hasta que subió al Comando Celestial con los demás compañeros. Nos advirtió que era “muy temprano” todavía, cuando nos entusiasmamos con la aparición de Adolfo Rodríguez Saá durante la crisis del 2001. Tenía razón, quien estaba a la altura de la historia eran Néstor y Cristina Kirchner. MG/N&P

A %d blogueros les gusta esto: