alabras de Homero Manzi: «Eras delgado y ágil, de rostro pálido. Vestías casi siempre un traje oscuro, con saco de solapas pequeñas. Y lucías en el pecho, debajo de tu mentón lampiño, el moño negro y volador que enlutaba tu bohemia romántica. De tu frente limpia arrancaba un jopo caprichoso, castaño y elegante. Venías del barro. Del fondo de tu barrio allá por Almagro.»

1915 . MUERE JOSÉ BETINOTTI, EL ÚLTIMO PAYADOR, AUTOR DE “POBRE MI MADRE QUERIDA”

JOSÉ BETINOTTI
(25 julio 1878 – 21 abril 1915)
Nombre real: Betinotti, José Luis
Guitarrista, payador, letrista y compositor
Lugar de nacimiento: Buenos Aires Argentina

 

Por Néstor Pinsón

Todo Tango

 

Palabras de Homero Manzi: «Eras delgado y ágil, de rostro pálido. Vestías casi siempre un traje oscuro, con saco de solapas pequeñas. Y lucías en el pecho, debajo de tu mentón lampiño, el moño negro y volador que enlutaba tu bohemia romántica. De tu frente limpia arrancaba un jopo caprichoso, castaño y elegante. Venías del barro. Del fondo de tu barrio allá por Almagro.»

Seguramente, cuando en su milonga “Betinoti” metaforiza: «Mariposa de alas negras/volando en el callejón», lo estaba imaginando con aquel moño habitual o corbata volandera, caminando por alguna calle oscura y la luz de un farol apuntando a su cuello.

El investigador y escritor Luis Soler Cañas sostiene con firmeza que su apellido se escribe las dos veces con doble te. Dice también, que sacó su libreta de enrolamiento en 1911, con número de matrícula 432 y allí figura su apellido, tal como firmó las etiquetas de algunos de sus discos. Diferente opinión surge en el libro sobre los payadores del recordado Víctor Di Santo, donde figura la copia del Libro de Bautismos de la parroquia de la Concepción (23 de octubre de 1878), donde el apellido de su padre y de su tía paterna, se leen primero con doble te y luego con una sola. Se complica con Orlando del Greco que lo menciona al revés, primero con una sola te y después con dos, tal cual aparece su firma en otros discos. Finalmente, en la partitura de la milonga de Sebastián Piana y Manzi, está las dos veces con una sola te.

Hijo de inmigrantes italianos, su padre Juan, muere siendo él un niño, más adelante su madre María Costa vuelve a casarse con un tal Enea Campodónico. Humilde desde la cuna es posible que no tuviera estudios primarios por tener que trabajar. Fue obrero hojalatero y también, ya con práctica, moldeador de tacos para zapatos de mujer.

A los 18 años conoce a María Cacciamatta y se casan tras un breve noviazgo. De la unión nació José Juan, que falleció siete meses más tarde.

Comenzó a cantar a fines del siglo XIX y lo de El Último Payador no es más que una licencia, una ocurrencia de Manzi cuando se realizó la película sobre aspectos de su vida. No sólo lo sobrevivió Gabino Ezeiza, también muchos payadores que perduraron hasta nuestros días, aunque solamente para ciertos cenáculos, tanto en Argentina como en Uruguay y en otros países americanos, incluso en España, como lo refiriera el actual improvisador José Curbelo invitado a tales encuentros.

El payador clásico fue el rural, el que recorría los pueblos del interior y las pulperías, para dirimir habilidades con los colegas destacados del lugar y lo hacía por gusto, teniendo por recompensa: casa y comida. En cambio con Betinotti —y algún otro de su tiempo— ya se puede hablar del payador urbano. Aquel que preferentemente no sale de su ciudad, que convive con los arrabales y, que de vez en cuando acepta ir al interior, pero no en forma errante, sino con un recorrido prefijado, con algún dinero pactado, o con permiso para organizar rifas en su beneficio o vender sus fotografías.

Su profesión fue la de artista, así lo afirmaba y así consta en su acta de defunción. A medida que fue creciendo en su carrera se dedicó únicamente al canto. Su esposa trabajó siempre como cigarrera, antes y después de su muerte.

Sus versos no fueron gauchescos. Él conocía perfectamente el arrabal y sabía traducir sus sentimientos y, con la amalgama de la música orillera, le daba a su canto el particular sabor de la cosa porteña.

Difundía sus creaciones a través de la publicación de folletos humildes -en su presentación y en su precio-, para que estuvieran al alcance de todos. Así, publicó Mis Primeras Hojas, Ideal de Mi Esperanza, Lo de Ayer y lo de Hoy, en 1909 y De Mi Cosecha, en 1912. Colaboró en la revista La Pampa Argentina. En 1948, salió una recopilación de su obra: Pobre Mi Madre Querida y, al año siguiente, la trascripción taquigráfica de la payada que sostuvo con Francisco Bianco, en San Vicente (1913).

Cuando se habla de payar la imaginación nos señala a dos contrincantes que, guitarra en mano, tratan de complicarle la vida al otro refiriéndose a temas diversos hasta que uno de los dos queda sin respuesta o bien el público determina el ganador. Esta es la payada de contrapunto. Pero él prefería la otra forma, la de enfrentar a un auditorio que le proponía temas a desarrollar, preguntas para improvisar sus respuestas. No le temía al contrapunto e intervino en muchos, pero sin la rivalidad se sentía mejor. En esas reuniones era costumbre de los payadores cantar algunos temas y, después, realizar su oficio.

Su popularidad se debió a canciones como: “Pobre mi madre querida”, (titulada previamente “Cuanto siento”), “Tu diagnóstico” (idem, “Qué me habrán hecho tus ojos”), “Como quiere la madre a sus hijos” (idem, “¡Desde entonce!…”) y “A mi madre” (idem, “Con mis amigos”).

Su repertorio incluía además, canciones de Andrés Cepeda: “El ciego” y “El mendigo”; de su gran amigo Ambrosio Río (con quien incluso cantó a dúo): “Irma” (dedicado a la uruguaya Irma Avegno cuyo suicidio causó conmoción en ambas orillas), “Las tumbas” y la canción “El preso”; de Arturo Mathón: “El final de una garufa” y del chileno Osmán Pérez Freire: el famoso “·Ay ay ay”.

No es aventurado decir que fue un nexo entre aquellos cantores y las voces del tango que estaban por aparecer. Le faltó un poco más de vida para ser una de ellas. Cuando uno lo escucha encuentra la letanía de Gabino y de otros payadores, pero comparando, tenía mejor voz y dicción.

Políticamente, fue admirador del partido socialista y de Alfredo Palacios, pero como pasó con Gardel, concurría a donde lo llamaran y así, cantó frente a Leandro Alem y Manuel J. Aparicio. Sobre este último, cantó: «La elección se terminó/ y es igual que antes sincero/ ya sea al rico o al obrero/ sus puertas nunca cerró/ ni la voluntad negó/ si se le pidió un servicio/ está de más este juicio/ porque a nadie le es extraño/ que es padre de todo el año/ Don Manuel J. Aparicio».

Si bien desde muchacho guitarreaba y cantaba, fue en 1896 que en el barrio de Flores conoce al famoso Pablo Vázquez a quien le confesó su afición. Este lo estimuló. Tal actitud nunca la olvidó, hasta le dedicó un vals y, antes de comenzar cada actuación, no olvidaba de invocar su nombre.

Otro personaje importante en su carrera fue Luis García, un conocido payador mulato que lo llevó al circo ubicado en Maza y Venezuela. Allí cantó frente al público por primera vez. Fue en ese circo que conoció a Gabino Ezeiza, quien lo invitó a cantar con él (1898). Otro amigo fue Higinio Cazón.

Para sus hermanos, Juan, Ernesto y Enrique y, para su querido Ambrosio Río, fue un hombre honrado, con gran amor y dedicación por su madre y de muchas de virtudes, su gran defecto, su afición por el alcohol que le provocó una congestión cerebral. Falleció en su casa de la calle Quintino Bocayuba 291. Un poeta dijo entonces: «Fue el cantor de las madres y el dolor».

Según el coleccionista Héctor Lucci grabó alrededor de cien temas y nos menciona algunos títulos y circunstancias. Para el sello Atlanta: “Filosofía gaucha”, “El preso” (estilo), “Memorias al payador oriental César Hidalgo” (Ofrenda), “Contraste” (vidalita), “Del arrabal”. También “El cabrero”, escrito en primitivo lunfardo donde demuestra su conocimiento del hombre de arrabal, el tema ocupa las dos caras del disco, por su extensa duración. Lo mismo ocurre con “Pobre mi madre querida”, con cerca de 6 minutos. También, “Cívica radical”, “Recuerdos”, “El hogar”, “Como quiere la madre a sus hijos”, “A mi madre”.

Para Columbia: “El final de una garufa” (milonga), “El huérfano sin hogar” (estilo), “Irritación”, “Decepción”, “Ay ay ay”, el vals “Triste”, “No te he faltao”, “Criollo falsificao”, nuevamente “Contraste”, una versión totalmente distinta a la anterior, “Te perdono”.

Para el sello América: “Tu diagnóstico” (vals), “Batalla de Tucumán”, “Memorias a Pablo Vázquez”, “En familia”, “Desengaño”. Para el sello Tocasolo: “Saludo al pueblo oriental”.

Para Atlanta: Grabó varios temas a dúo con Ambrosio Río. Y aquí una curiosidad titulada “Obsequio”. Cantado por Río en una de las caras y por Betinotti en la otra. El título obedece a que era un disco de propaganda del sello Atlanta que se regalaba a los clientes habituales. Todos estos discos eran prensados en Alemania.

En 1950, su nombre llegó al cine con El Ultimo Payador, cuyo guión pertenece a Homero Manzi quien también codirige el film con Ralph Pappier. Del personaje y su mujer se ocuparon Hugo Del Carril y Aída Luz. La figura de Gabino Ezeiza la representó el actor Marino Seré y la de Ambrosio Río, el poeta y recitador Lito Bayardo. Como curiosidad, se observa la réplica de como era una grabación discográfica cuando aún el micrófono no existía y en este caso el cantor se ubica frente a una membrana circular que vibra con la emisión del sonido y del lado opuesto un elemento cortante va marcando los surcos en el disco.

Recopilación: notas de José Barcia y Elías Cárpena (sección cultura-rotograbados de los diarios La Prensa y La Nación); Luis Soler Cañas, (suplemento cultural diario La Opinión).

 

 

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