1807. 14 de Enero. Nace en Córdoba, Hilario Ascasubi. Soldado unitario y poeta gauchesco.

NACE HILARIO ASCASUBI, ANICETO EL GALLO.

ascasubi-2-1.jpg
En su Santos Vega o los mellizos de la Flor – poema épico de la literatura gauchesca- nos presenta en breves cuadros descriptivos la vida de la pampa y de sus pobladores.  

NACE HILARIO ASCASUBI ANICETO EL GALLO

 

Hilario Ascasubi fue un poeta argentino nacido el 14 de enero de 1807 en la actual ciudad de Bell Ville, provincia de Córdoba y falleció el 17 de noviembre de 1875 en la ciudad de Buenos Aires.

 

Fueron sus padres Mariano Ascasubi, comerciante andaluz, y doña Loreta de Elía, cordobesa.

 

Es uno de los primeros poetas gauchescos, junto con el uruguayo Bartolomé Hidalgo.

 

1821. Según Rafael Hernández, a los 14 años es alzado en una leva y embarcado en una goleta que es tomada por un barco portugués y llevados a Lisboa, allí escapa y se va a Francia e Inglaterra, para volver a su patria 2 años después.

 

1824. Trabaja como impresor en la imprenta de los Niños Expósitos en Salta.

 

1825. Se incorpora en el batallón Cazadores de Salta para ir a guerrear contra el Brasil

 

1826. Es ascendido a Teniente del regimiento 17 de caballería, en Catamarca. El 27 de Octubre participa en la batalla del Tala con Aráoz de Lamadrid cuando es vencido por Quiroga.

 

1827. En Rincón de Valladares, Quiroga vuelve a vencer a Aráoz de Lamadrid. Ascasubi huye a Salta y casi muere de chucho.

 

Quiroga da la amnistía a los derrotados y Ascasubi vuelve a Tucumán.

 

1828. Se incorpora a las fuerzas de Lavalle.

 

1829. Es ascendido a Capitán de caballería.

 

1831. Es apresado por los federales en Entre Ríos y llevado a la cárcel en Buenos Aires.

 

1832. El 31 de agosto logra escapar y se refugia en Montevideo. Trabaja como panadero y empieza a escribir adoptando la lengua gauchesca.

 

1837. Se casa con Laureana Villagrán y Oliver. Del matrimonio nacen 13 hijos.

 

1839. Edita el periódico El gaucho en campaña con cuatro números entre septiembre y octubre.

 

1843. Publica El gaucho Jacinto Cielo con doce números.

 

1846. Publica Paulino Lucero en Montevideo.

 

1852. Participa en Caseros como ayudante de Urquiza quien lo asciende a Coronel.

 

1853. Buenos Aires se separa de la Confederación y Ascasubi se aleja de Urquiza. Publica Aniceto el Gallo, desde donde fustiga a Urquiza.

 

1862. Bajo la presidencia de Mitre es enviado a Europa a reclutar soldados para defender las fronteras contra los indios.

 

1870. Se radica en París, alejado de las armas, y termina el Santos Vega, que había comenzado 20 años antes en Montevideo.

 

1872. Dupont publica sus obras completas en París.

 

Es un ferviente anti rosista que se une a la lucha armada en contra del federal.

 

Murió en Buenos Aires en 1875.

 

En su Santos Vega o los mellizos de la Flor -en cierto modo poema épico de la literatura gauchesca- nos presenta en breves cuadros descriptivos la vida de la pampa y de sus pobladores.

 

A veces utilizó como seudónimos los nombres de dos obras suyas: Paulino Lucero y Aniceto el gallo.

 

Cuando adolescente, se embarcó como grumete, y, al ser apresado el navío en que se dirigía a la Guayana Francesa, fue llevado a Lisboa, de donde consiguió fugarse.

 

Viajó luego por Europa y EE.UU. En 1823, en Salta el gobierno le cedió la famosa imprenta que había pertenecido a los jesuitas.

 

Editó la Revista de Salta, con José Arenales, donde publicó su Canto a la victoria de Ayacucho.

 

Apasionado por la tormentosa política de su tiempo, se enroló como soldado de Güemes, luego bajo las órdenes de Paz, con Lavalle fue adversario de Rosas, tuvo que huir a Montevideo.

 

Allí, con su peculio de comerciante, costeó la expedición de Lavalle.

 

De regreso en Buenos Aires, durante la presidencia de Mitre, fue encargado de misiones oficiales en París, ciudad en la que residió casi hasta el fin de su vida.

 

Se inició como escritor gauchesco con los Diálogos de Jacinto Amores y Simón Peñalva, en 1833.

 

Más tarde dirigió los periódicos El gaucho en campaña y El gaucho Jacinto Cielo.

 

Durante su permanencia en París, en 1872, revisó y agrupó su dispersa producción en tres tomos:

 

Paulino Lucero o los gauchos del Río de la Plata, cantando o combatiendo contra los tiranos de la República Argentina y Oriental del Uruguay, integrado por punzantes cielitos, romances, medias cañas, redondillas y décimas, referidos a los episodios del sitio de Montevideo, compuestos entre 1839 y 1851;

 

Aniceto el Gallo, extractado del periódico del mismo título publicado en Buenos Aires en 1854, y completó el tercero,

 

Santos Vega o Los mellizos de la flor, iniciado en Montevideo en 1850.

 

En este poema, obra más completa y mejor organizada, se aparta de la figura del legendario personaje de la poesía de combate y logra profundidad y firmeza.

 

Aunque excesivamente extenso -consta de más de 12.000 versos-, está logrado con acierto el cuadro físico y social de fines del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX.

 

Ascasubi es poeta de imaginación clara y esencialmente visual, que alcanza momentos notables en algunos pasajes descriptivos y que, retomando la versificación de Bartolomé Hidalgo y otros precursores, da auténtica jerarquía artística a la literatura gauchesca.

 

Obras

El gaucho Jacinto Cielo

(1843)

Paulino Lucero

(1846)

Aniceto el Gallo

(1853)

Santos Vega o los mellizos de la Flor

(1851)

Obras completas

(1872, 3 volúmenes recopilados por el autor)

 

Isidora

Poema de Hilario Ascasubi

 

Fragmento……

 

PRIMERA PARTE

 

La Isidora regordeta

se va a embarcar al Buseo:

¡vieran con qué zarandeo

va arrastrando una chancleta!

 

Que lleva un pie desocao

de resultas de un fandango,

en que le rompió el changango

en la cabeza a un soldao;

 

Y en esa noche con Brun

bailando la refalosa,

anduvo poco mañosa

queriendo hacerle el betún.

 

Sabrán que esta moza al fin,

no es porteña, es arroyera,

pitadora y guitarrera

y cantora del Tin tin.

 

Que vino de la otra banda

junto con los invasores,

y que sabe hacer primores

por todas partes donde anda;

 

Y que hace mucho papel

como güeña federala,

pues se refriega en su sala

con la hija de Juan Manuel.

 

En fin, dicen que esta dama

del Miguelete se aleja,

y a mis paisanas les deja

los recuerdos de su fama.

 

También dicen de que al borde

ha estado de perecer,

y se quiere reponer

porque ha perdido el engorde

 

Pues no le asientan los pastos,

y luego con la escasez

que hay por ajuera, esta vez

se ha fundido en hacer gastos.

 

Así es que bien trasijada

se retira la infeliz,

echando por la nariz

como suero de cuajada.

 

Un ojo le lagrimea,

del aire, dice Garvizo;

que para él es un hechizo

otro que le centellea.

 

El Andaluz se hace almiba

por agradar a Isidora,

que es muchacha seguidora

y nunca se muestra esquiva.

 

Así es que a la despedida

la acompaña una patrulla,

marchando sir, hacer bulla

come gente dolorida.

 

Pero la Isidora marcha

sin demostrar sentimiento,

con un semblante contento

y más fresca que la escarcha.

 

Lleva el rebozo terciao,

airoso, a lo mazorquera,

y en la frente de testera

luce un moño colorao.

 

Marcha con aire gitano,

y una mano en la cadera,

que sacude sandunguera

con un garbo soberano.

 

Para lucir los encajes,

viste a media pantorilla

un vestido de lanilla

colorao y sin follajes.

 

Ella no gasta bolsita

como gasta una pueblera;

pero carga una jueguera

y también su barajita.

 

Todo el cortejo se empeña

en complacerla al partir,

pero ella se quiere dir

y a todo bicho desdeña.

 

Casi se cai de barriga

el cirujano, en mala hora

se le clavó a la Isidora

el cuchillo de la liga…

 

Que lo levanta el galán

trompezando, y cariñoso

se lo presenta gustoso

a la prenda de su afán.

 

La Isidora lo recibe,

y exclama: – ¡Cristo me valga!

antes perdiera una nalga

que no esta prenda de Oribe.

 

Con la cual he de volver

y a todas las unitarias,

de balde han de ser plegarias,

yo las he de componer.

 

¿Ha visto, dotor tuertero,

estas zonzas de orientalas,

que a todas las federalas

nos tratan como a carnero?

 

Esas mesmas que ahi están

faroliando en el Cerrito,

y haciéndole asco al moñito,

no sé lo que pensarán.

 

Pues mire, ¡a fe de Isidora,

me voy con sangre en el ojo!

y, he de volver por antojo

con mi comadre Melchora;

 

Y a toda la que se piensa

que me ha de andar con diretes,

le he de cruzar los cachetes

y le he de cortar la trenza.

 

¡Moño grande! que se vea,

se han de poner a la juerza:

y a la que medio se tuerza

se lo he de pegar con brea.

 

¡Caray! si me da una rabia

el ver que a mí ¡a la Isidora!

quieran ganarle a señora

porque tienen mejor labia.

 

¡Y porque gastan corsé,

y gorras a la francesa,

ni levantan la cabeza

a saludar! -Ya se ve…

 

Aun no están acostumbradas

a la mazorca y tin tin,

pero de todas, al fin,

me he de reír a carcajadas.

 

A %d blogueros les gusta esto: